Un gobierno estable y de izquierdas

Un gobierno estable y de izquierdas

ANTONIO PAPELL

Con este título -'Un gobierno estable y de izquierdas'- publicaba el miércoles Pablo Iglesias un artículo en el que desgranaba los argumentos que a su juicio respaldan la formación de un gobierno de coalición de Unidas Podemos con el PSOE que, con los 165 escaños de ambas formaciones, se impondría a los 149 que han obtenido las tres de la derecha estatal. Y una de las razones que aducía el líder de UP para respaldar su propuesta era la injerencia de algún banco y de la patronal, que han recomendado ya a Pedro Sánchez el camino político que debe emprender.

Las tesis que desgrana Iglesias, temeroso de que a la hora de la verdad el PSOE busque el respaldo a estribor y no a babor en algún tema delicado, son difíciles de objetar. Sobre todo, después de que Podemos haya madurado como lo ha hecho, ya que conviene recordar que el líder populista ha pasado de denostar el régimen del 78 a convertirse en un hermeneuta caracterizado de la Constitución. Sin embargo, es evidente que PSOE y Unidos Podemos no son la misma cosa, ni comparten idéntico ideario aunque tengan gran familiaridad en muchos aspectos. Por citar ejemplos que expliquen lo que se quiere decir, ahí van dos puntos de fricción: uno, es evidente que PSOE y UP no coinciden en algunos matices de la cuestión catalana. El PSOE no va a aceptar bajo ningún concepto un referéndum autodeterminista en Cataluña, ni siquiera consultivo; dos, la idea de mantener una banca minorista pública que alienta UP no casa con las políticas europeas ni resultaría inteligible en Bruselas.

Iglesias, en el artículo mencionado, enumera el listado de materias que de las que las dos formaciones deberían hablar y negociar: «Justicia fiscal, políticas económicas feministas, pensiones garantizadas, servicios públicos, transición energética, límites de la temporalidad, vivienda, derechos y libertades, diálogo en Cataluña y, finalmente, las personas y los equipos necesarios para garantizar esas políticas».

Sánchez propone, a fin de cuentas, el modelo portugués: allí –explicaba no hace mucho Carmen Rangel– «lleva las riendas un primer ministro socialista, Antonio Costa, que no tiene socios en el Ejecutivo sino partidos en los que se apoya puntualmente, con los que firma acuerdos bilaterales sobre políticas concretas, permitiendo la gobernabilidad. Este es probablemente el mejor modelo también en nuestro país.