Gobernar hay que ganárselo

Estos días hay muchos políticos con suerte que estrenarán puestos, desde ministros hasta concejales

Pedro Sánchez recibe en la Moncloa al líder Podemos Pablo Iglesias./AFP
Pedro Sánchez recibe en la Moncloa al líder Podemos Pablo Iglesias. / AFP
Diego Carcedo
DIEGO CARCEDOValladolid

Gobernar es un empleo tan duro y mal pagado como ambicionado. Cuesta mucho conseguirlo y tanto más mantenerlo. No hace falta hacer oposiciones ni guardar cola en las oficinas del paro para lograrlo. Pero hay que acumular méritos en los partidos, pelear por el puesto y superarlo en las urnas y en el comportamiento. Estos días hay muchos políticos con suerte que estrenarán puestos, desde ministros hasta concejales. Las urnas les han abierto el camino hacia el poder que ahora se está repartiendo a base de negociaciones.

Cuando ya se está en la lista de espera, los expertos recomiendan tener paciencia. Saber esperar el reparto siempre es un mérito que suma. Por eso sorprende tanto la impaciencia que está demostrando un líder inteligente, como es Pablo Iglesias, por ser ministro. Lleva años reclamándolo y en las últimas semanas, sin poder contenerse. No espera a ver qué decisión adopta Pedro Sánchez sobre la estructura y composición del Gabinete. No, presiona, su incorporación la da por hecho, se jacta.

Ni siquiera parece consciente de que su partido, Unidas Podemos, en la cuesta abajo electoral, tendrá también algo que decir. Algunos de sus compañeros andaluces y gallegos discrepan y otros no hacen méritos, todo lo contrario, para que los socialistas les abran las puertas de la Moncloa, ni para que los ciudadanos vean con buenos ojos una coalición gubernamental. Un Gobierno de coalición necesita formarse y avanzar sin discrepancias graves y sin saltarse las reglas elementales para la convivencia.

Todavía no han comenzado las negociaciones y dos diputados de UP que ocupan puestos relevantes en la Mesa del Congreso han dado la nota, primero oponiéndose en solitario y a diferencia de su futuro socio, a la suspensión de los diputados independentistas que están en prisión, y a pesar de que se trataba de una decisión ajustada a Derecho, con el respaldo de jueces, fiscales y letrados de la Cámara. Mientras tanto, la vicepresidenta y el secretario de la Mesa han retirado ostensiblemente de sus despachos la bandera española.

Ignoro qué valoración jurídica o política merece este gesto –que el propio Pablo Iglesias ha agravado de alguna manera exhibiendo en Canarias la bandera independentista–, pero lleva a preguntar cómo se sentirán tantos millones de españoles que valoran el simbolismo de su bandera y no pueden por menos de considerar el rechazo de quienes eligieron democráticamente para representarlos. ¿Aceptan sus votos pero desprecian su símbolo?

Pocos méritos añadidos, al margen de la suma de votos, podrá exhibir Iglesias para ser admitido como miembro de un Gobierno que intentará hacerse valorar y respetar por todos los ciudadanos; tanto por la mayoría que le conferirá su legitimidad democrática como por las minorías que merecen igual atención con la condición de que respeten unas normas básicas de relación, respeto a las instituciones y, por supuesto, de los símbolos que nos unen.