#26M: final de etapa

«La perspectiva de cuatro años para programar una acción de gobierno ha de ser una gran oportunidad democrática para este país»

#26M: final de etapa
José Ibarrola
Antonio Papell
ANTONIO PAPELLValladolid

Las elecciones de mañana cierran un ciclo de incertidumbre e inestabilidad que ha durado más de tres años de provisionalidad y zozobra. Tras las de diciembre de 2015, no fue posible confeccionar una mayoría de gobierno y después de su repetición, en junio de 2016, Rajoy formó un ejecutivo precario gracias a la fractura de los socialistas, que tuvieron que aprestarse después a reconstruir el partido sobre las cenizas humeantes de una crisis. Y en junio pasado, Sánchez ponía fin a aquel gobierno débil e ineficiente con una moción de censura que le permitía ocupar durante casi nueve meses el poder, rectificar el rumbo y plantear un proyecto político que, finalmente, recibió la aquiescencia de los ciudadanos el pasado 28 de abril.

La triple consulta de este domingo tendrá varios efectos acumulados. Las elecciones europeas, muy relevantes esta vez para afianzar el rumbo de la Unión, en cuya definición los europeístas tendrán enfrente a una inquietante representación del populismo de extrema derecha, afianzarán las posiciones internas: previsiblemente, ratificarán el buen momento del PSOE de Pedro Sánchez y confirmarán la crisis de la derecha dividida y la situación declinante del PP.

En las elecciones municipales y regionales, los elementos ideológicos y partidarios siguen influyendo, pero mitigados por otros coyunturales, relacionados con la personalidad de los diferentes actores, más cercanos a la ciudadanía que sus representantes estatales. En Madrid, la hipotética pérdida de la CAM por el PP podría ser la puntilla que acabara con el crédito de Pablo Casado; en Barcelona, la victoria de ERC (Ernest Maragall) sobre Colau afianzaría la victoria ya muy evidente de Junqueras sobre Puigdemont en el espacio soberanista (como se sabe, ambos compiten también en Europa).

Tras esta triple consulta, el PSOE se volcará en conseguir la investidura con el menor desgaste y al menor precio posible, en tanto los restantes partidos deberán efectuar una composición de lugar y, si procede, una recomposición de la figura.El PP, como se ha dicho, entrará en una fase de fuerte desazón, con muchos políticos profesionales en paro, con escasos recursos para mantener el aparato y la intendencia, con reducido poder territorial y con todo un hemisferio conservador irritado con la limpieza del sorayismo que llevó a cabo Casado al llegar. El ajuste de cuentas parece inevitable, y la fortaleza del líder emergente quedará puesta a prueba. Podemos, por su parte, tendrá también que regenerarse, ya que no se ha rehecho de la escisión más grave, la de Errejón, y sus relaciones con otras confluencias están quebradas o desaparecidas. Asimismo, procede una reconsideración ideológica de la formación morada tras la 'conversión' de Iglesias al constitucionalismo.

Lo novedoso de la situación en que nos hallaremos todos el 27 de mayo es que, por primera vez en mucho tiempo, ingresaremos en una legislatura estable que puede durar cuatro años ininterrumpidos, tan solo afectada a corto plazo por unas previsibles elecciones autonómicas catalanas (la inoperancia de la etapa Torra es insostenible cuando ERC ha tomado las riendas del soberanismo catalán). La perspectiva de cuatro años para programar una acción de gobierno ha de ser una gran oportunidad democrática para este país, que debería afrontar ante todo algunas grandes reformas estructurales –la de la financiación autonómica, vinculada o no a la resolución del conflicto catalán–, seguidas de algunos costosos pactos de Estado –un gran pacto educativo ante todo, para estabilizar todos los niveles del sistema y emprender una denodada carrera en pos de la productividad y de la modernización del modelo de crecimiento–, y de ciertos avances en todos los ámbitos que quedaron paralizados por la crisis y que todavía no han recuperado su velocidad de crucero.

No se puede descartar del todo que la investidura de Sánchez plantee dificultades, si las fuerzas constitucionalistas no la facilitan o las independentistas tratan de presionar en exceso. En este caso, la mayoría socialista presionaría sin contemplaciones, dado que todos los análisis indican que, si llegara el caso, el PSOE obtendría un resultado mucho mejor si se repitieran las elecciones.