El éxito del fútbol femenino

Su crecimiento como espectáculo de masas representa un avance hacia la igualdad

La jugadora china Han Peng (izquierda) disputa un balón con la delantera española Jennifer Hermoso durante el Mundial/Peter Powell-EFE
La jugadora china Han Peng (izquierda) disputa un balón con la delantera española Jennifer Hermoso durante el Mundial / Peter Powell-EFE

La explosión del fútbol femenino es un fenómeno innegable que ha irrumpido con fuerza en España y en otros países. El interés social por esta especialidad se ha disparado conforme lo han hecho la implicación de los grandes clubes y las inversiones de empresas patrocinadoras. Esa combinación de esfuerzos ha propiciado un salto de calidad que no admite discusión en la práctica de este deporte y, en paralelo, un considerable aumento de su atractivo para el gran público y de su cobertura mediática. El Mundial que se celebra en Francia así lo corrobora.

La masiva afluencia a los estadios y las audiencias de televisión de los partidos confirman el crecimiento de esta disciplina, arrinconada en las penumbras hasta un pasado bien reciente. El espectáculo ofrecido hasta ahora por las selecciones que participan en el torneo demuestra el alto nivel adquirido por el fútbol femenino de élite y destierra el estereotipo de que se trata de una modalidad menor. Todos esos avances son la metáfora de nuevos pasos hacia la igualdad. Lo son en la medida en que las mujeres normalizan su presencia en una actividad que hasta hace unos años parecía reservada exclusivamente a los varones, derriban barreras y contribuyen a crear referentes femeninos en un mundo masculinizado hasta el extremo.

Esos valiosos progresos no permiten ignorar el amplio camino que queda por recorrer en la promoción y valoración del fútbol femenino en España, desde los patios de los colegios hasta los clubes profesionales, para llegar a la pujanza económica y social que tiene en algunos países. Ni la obscena comparación con los millonarios presupuestos, los fichajes galácticos, la proyección y los negocios de toda índole que giran en torno al balompié masculino. Los récords de asistencia registrados este año, con San Mamés y el Wanda Metropolitano abarrotados en sendos partidos de la Copa de la Reina y de la Liga Iberdrola, representan hitos sin precedentes. Pero la mejor prueba del tirón de este deporte será que esos fogonazos de enorme impacto vayan acompañados de una creciente presencia estable de aficionados en las gradas. La apuesta de grandes compañías por el fútbol femenino le dotará de más medios para reforzar su gancho como espectáculo deportivo, lo que allana el camino para intensificar su expansión. El hecho de que España dispute hoy los octavos de un Mundial retrata el éxito de un trabajo bien hecho.

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