El entierro de la sardina

«Tres años, tres, de batacazos mundialmente reídos a mandíbula batiente, menudo récord»

El jugador del Barcelona Lionel Messi sale del campo tras la semifinal de la UEFA Champions League, este martes en el estadio Anfield de Liverpool. /Efe
El jugador del Barcelona Lionel Messi sale del campo tras la semifinal de la UEFA Champions League, este martes en el estadio Anfield de Liverpool. / Efe
GONZALO SANTONJA

París, Roma, Turín… y ahora Liverpool. El entierro de la sardina del FC Barcelona se está convirtiendo en el clásico del ridículo planetario a nivel futbolero: catorce goles encajados por ninguno marcado en cuatro partidos para la historia cómica del deporte de las patadas. Y eso, pese a contar, según cacarean, con el mejor jugador que vieron los tiempos pasados, que disfrutan los presentes y que esperan ver los venideros, para expresarlo a la cervantina. Tres años, tres, de batacazos mundialmente reídos a mandíbula batiente, menudo récord.

Pero lo que son las cosas o qué suerte tengo. Resulta que viví esta última reposición del esperpento blaugrana nada menos que en Barcelona, ciudad a la que llevaba años sin ir, invitado a conferenciar en el Ateneo. Estaba de cena con mis anfitriones cuando sonó el teléfono. Era mi hijo Miguel, que haciendo honor a sus abuelos estuvo parco: «El tercero, dos roscos en un minuto». Gracias a su aviso llegué a tiempo de presenciar el cuarto. Inaudito, inaudito. Lo nunca visto: Ter Stegen, el mejor portero del mundo, aplaudía, no se sabe si a sus compañeros o al espíritu del chiste, mientras Piqué, el mejor defensa central del mundo, hacia la estatua y media docena de millonarios que vestían la misma camiseta, también los mejores del mundo, daban la espalda al balón, de modo que un suplente del Liverpool no tuvo más remedio que mandarlo al fondo de su portería. Una idiotez en la que solo incurren los alevines en el primer día de entrenamiento. Para mayor inri, resulta que el equipo inglés jugaba sin sus estrellas y apenas dos días después de un partido a cara de perro contra el Newcastle, en tanto Messi y los de su banda disponían de la semana entera para descansar.

Camino del hotel, ambiente fúnebre. Qué soledad la de Canaletas, qué colorados lucían los lazos amarillos. Esta variante azulgrana del entierro de la sardina no la supera ni Abundio, aquel atleta que, aunque corriera solo, siempre llegaba el segundo. Me muero de risa,/ de risa me muero,/ salieron de Liverpool,/ con cuatro agujeros.