Diálogo en la Moncloa

El ciclo de la inestabilidad está dando paso a un tiempo que anuncia ese mínimo indispensable de concordia política que demanda el país

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, recibe en la Moncloa al líder de Ciudadanos, Albert Rivera./Efe
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, recibe en la Moncloa al líder de Ciudadanos, Albert Rivera. / Efe
El Norte
EL NORTEValladolid

El presidente en funciones y virtual candidato a la investidura, Pedro Sánchez, ha citado a los líderes de las tres formaciones –PP, Ciudadanos y Unidas Podemos– que completaron la cabecera del ranking electoral el 28-A. Resulta cuestionable que hiciera uso del palacio presidencial para una iniciativa que, de esa manera, parecía adelantarse a la ronda que corresponde establecer al Rey, cuando el Monarca decidió posponerla a las elecciones del 26 de mayo. Pero los encuentros de la Moncloa demuestran que el escrutinio del 28-A ha contribuido a la distensión en las relaciones entre las formaciones políticas. El veredicto de las urnas obliga a que los partidos en contienda rebajen sus asperezas, aunque falte por recontar los votos del 26-M. El reconocimiento mutuo prevalece porque todo proceso electoral subraya la legitimidad institucional. Los resultados del domingo sitúan a Pedro Sánchez como único candidato a la investidura, y a los socialistas en condiciones de pilotar el gobierno del país en los próximos cuatro años. Y obligan a sus adversarios más acérrimos de los meses anteriores a modular sus actitudes de oposición, hasta ofrecerse para el acuerdo en cuantos temas requieran del consenso parlamentario. A partir de ahí, el dato más destacable es que Sánchez cuenta solo con 123 escaños socialistas. La responsabilidad de asegurarse los apoyos necesarios para gobernar le atañen a él y a su partido, sin que puedan transferirla a los demás grupos parlamentarios. La responsabilidad de dejar atrás la política de bloques compromete también al PP y a Ciudadanos, fundamentalmente. Lo que importa de manera inmediata es que el ciclo de la inestabilidad, inaugurado con las elecciones de 2015, dé paso a un tiempo que aporte el mínimo indispensable de concordia política. La reivindicación del centro por parte de Pablo Casado, la disposición al acuerdo en 'materias de Estado' de Albert Rivera, y la exigencia de un Gobierno de coalición con la que Pablo Iglesias advirtió a Pedro Sánchez de que «no podrá caminar solo» conforman un cuadro esperanzador para el conjunto del país. Lo mejor es que se han desarrollado en puertas de una segunda vuelta electoral. Confirman que ningún gobernante puede atrincherarse en el poder conferido, especialmente cuando se encuentra en minoría; y que ninguna oposición democrática puede erigirse sobre la negación del diálogo si de verdad pretende construir una alternativa política.