Confianza ciega

Imagen de recurso de la empresa Magrudis, que vendió la carne mechada contaminada con la bacteria listeria./EP
Imagen de recurso de la empresa Magrudis, que vendió la carne mechada contaminada con la bacteria listeria. / EP
Rosa Palo
ROSA PALO

La confianza no sé si da asco, pero lo que sí da es listeriosis. Y botulismo. Y hasta hipertricosis. ¿Qué alerta sanitaria toca hoy? Pues eso, que una confía en que está todo en regla, bajo control, y luego pasa lo que no hubiera tenido que pasar. Pero, a pesar de los pesares y de los pasares, vivimos creyendo en que lo que nos llevamos a la boca no es tóxico, en que el puente no se va a caer, en que el ascensor no se va a desplomar. Seguimos confiando en la bondad de los extraños, como Blanche DuBois. Y en la efectividad de las cremas antiarrugas.

Creemos que lo tenemos todo controlado. Y esa falsa sensación de control dura mientras no nos llegue algo que nos ponga la vida del revés. O el estómago. O la cabeza. Somos tan frágiles que una llamada, un wasap o una lata de atún en mal estado hacen temblar nuestros cimientos y derriban el precario castillo de naipes que hemos construido apoyándonos en tres o cuatro certidumbres. Porque la cosa es sencilla: todo está bien hasta que deja de estarlo. Y es entonces, al perder pie, cuando también pierdes la brújula.

A pesar de ello, habrá que seguir confiando en la buena fe de los hombres y en la benevolencia de los reptiles, que decía Clint Eastwood en 'Sin perdón'. De los gallos, en cambio, no podemos fiarnos, porque ahora resulta que violan a las gallinas. Puestos a ser especistas, quedémonos con las vacas marrones, que son las que producen la leche con chocolate. Al menos eso creen dieciséis millones de norteamericanos, según The Washington Post. También creen que las hamburguesas no engordan y que el Sol gira alrededor de la Tierra. Lees eso, y lo de Trump empieza a parecerte normal. Aunque no confíes en él. Ni una chispa.