Ciudadanos, susto o muerte

«Francisco Igea, situado mientras puede en una confortable equidistancia que le permite arrear a derecha e izquierda por igual, pronto tendrá que empezar a tomar decisiones»

Francisco Igea, candidato de Ciudadanos a la Junta de Castilla y León /Rodrigo Jiménez
Francisco Igea, candidato de Ciudadanos a la Junta de Castilla y León / Rodrigo Jiménez
Ángel Ortiz
ÁNGEL ORTIZ

Todos los sondeos que estiman resultados del 26 de mayo, incluido el último publicado por el CIS, anticipan un arco parlamentario en Castilla y León sin mayoría absoluta –ni aproximada– de ningún partido. Lo previsto, más aún si observamos y analizamos con un mínimo de rigor los resultados del pasado 28 de abril en la región, es que serán necesarios los pactos. De gobierno, de legislatura, de investidura... Ya veremos. Y entre lo previsto, a dos semanas de la jornada electoral, lo más probable es también que la llave maestra de esos pactos quede en manos de Ciudadanos. Francisco Igea, que navega en campaña a medio camino de todo, situado mientras puede en una confortable equidistancia que le permite arrear a derecha e izquierda por igual, pronto tendrá que empezar a tomar decisiones y a dejarse pelos en la gatera.

En el seno del PP se preguntan si podrá o no tomarlas por sí solo, con independencia del criterio que pueda (o no) marcar Madrid; o sea, Albert Rivera. En el PP querrían que, llegado el momento de la verdad, primara ese odio visceral que el líder de Ciudadanos demuestra y expresa por Pedro Sánchez cada vez que puede. Eso beneficiaría un acuerdo PP-Ciudadanos en cualquier territorio. También aquí. En el PSOE, sin embargo, querrían que, llegado el mismo momento de la verdad, fuese la razón pura de partido la que orientara la postura del médico vallisoletano y su grupo parlamentario para, armado de frialdad y determinación, desalojar al Partido Popular de la Junta.

«Para Ciudadanos, las autonómicas y municipales representan una inmejorable oportunidad de apuntillar al PP»

Cualquiera de sus decisiones tendrá algunos efectos negativos o, cuanto menos, contradictorios. En Ciudadanos se ha producido un cambio determinante a raíz del escaso margen que, después de celebradas las elecciones generales, le separa del PP tanto en escaños nacionales, apenas 9, como en votos, unos 220.000. Esa proximidad, causada por la debacle de Pablo Casado y por el notable ascenso de los naranjas, ha excitado la guerra por la hegemonía y el liderazgo en el centro derecha. Seguro que en los cuadros de dirección del partido ya no es tan decisivo el argumentario de contraponer la nueva y la vieja política. Ese no es el debate, el debate es sobrepasar al PP. Cuanto antes.

Si hacemos caso a los manuales, un partido debe estar entrenado para convivir con sus adversarios, es decir, con sus oponentes naturales. Es lo suyo. Es la esencia de la democracia. Pero tiende instintivamente a aniquilar a sus enemigos, es decir, a aquellas organizaciones que le disputan votos en su mismo territorio ideológico. Según este principio, para Ciudadanos las autonómicas y municipales representan una inmejorable oportunidad de apuntillar al PP expulsándolo de instituciones y puestos ejecutivos. Un PP que perdiese los gobiernos de Castilla y León (o de Madrid; o de ambos) sería un PP que, al margen de otras cuestiones relacionadas con las apreturas económicas, quedaría cojo, manco y tuerto. Porque todas las opciones que tiene de levantarse del costalazo del 28 de abril pasan por mejorar claramente sus resultados el 26 de mayo y, más importante aún si cabe, por rehacerse desde administraciones relevantes que todavía gestionen presupuestos y les permitan seguir ocupando espacios de poder territorial.

«¿Cómo entendería el electorado que Ciudadanos estuviese zurrando al PSOE en el Congreso todos los días y compartiendo al mismo tiempo un Consejo de Gobierno en Valladolid?»

Desde todos esos puntos de vista, es muy posible que haya corrientes que activen esa postura quirúrgica dentro de Ciudadanos. Desde otro punto de vista, aquellos relacionados precisamente con la necesaria coherencia de un partido que desee mostrarse claramente como adversario claro del PSOE y referente liberal de un nuevo centro derecha reformista, cualquier alianza con los socialistas necesitará muchas explicaciones. Y ya se sabe que en política, si necesitas explicarlo es que has perdido. ¿Cómo entendería el electorado que Ciudadanos estuviese zurrando al PSOE en el Congreso todos los días y compartiendo al mismo tiempo un Consejo de Gobierno en Valladolid? De lo cual nace la última derivada: parece obvio que si Francisco Igea, dándose primero la posibilidad por mandato de las urnas, decidiera echar al PP de la Junta o mantenerlo al frente, seguramente tendría que hacerlo renunciando al cogobierno, o sea, dejando todo el gabinete en manos de Tudanca o Mañueco.