Gesto revolucionario
«Al mismo día siguiente de la muerte del dictador, se inició el proceso de «conversaciones, pactos y concesiones» que concluyó en la Constitución de 1978»
5-2. Por goleada, con prontitud, sin sentencia y con los votos particulares de las dos mujeres que formaban parte del tribunal, entre ellas la ... ponente. Y ahora, la incógnita sobre si Álvaro García Ortiz quedará únicamente suspendido como fiscal general del Estado o si además tendrá que abandonar la carrera judicial. En todo caso, la vergüenza de quedar inscrito como primer condenado (que se sepa) en el ejercicio de tal cargo, en la historia de la judicatura española. Con todo el dolor y la indignación del ministro Bolaños.
¿Que hay cosas peores? Sin duda. Por ejemplo, sin salir de esta semana, la excarcelación de Santos Cerdán, cuatro meses y diecinueve días después de su reclusión, y la nueva cita a Ábalos, la semana que viene, para ver si finalmente es él el que debe entrar en el trullo, según la instrucción va reuniendo pruebas de la profundidad y gravedad de lo corrompido en el asunto Koldo. El número dos que entra por el que sale. Algo que en todo caso no parece afectar al número uno. Al menos a juzgar por la sonrisa de orgullo y satisfacción con la que afronta su caída en el descrédito absoluto en sus comparecencias o sus declaraciones a la prensa.
Una sonrisa que contrasta con el gesto adusto (no sabría decir si concentrado o avinagrado) de ese mismo número uno en la ceremonia de entrega del Toisón de Oro a la reina Sofía, a Felipe González, a Miquel Roca y a Miguel Herrero Rodríguez de Miñón. Porque sí, ha habido cosas peores, pero también cosas mejores en esta semana de pasión. Como por ejemplo el discurso del rey Felipe en el que ha reconocido en su padre, con motivo de los cincuenta años de la restauración de la monarquía, aquel «gesto político revolucionario» de quienes protagonizaron la Transición. Eso que empezamos a celebrar precisamente ayer cuando, al mismo día siguiente de la muerte del dictador, se inició el proceso de «conversaciones, pactos y concesiones» que concluyó en la Constitución de 1978.
Más allá del reconocimiento, imprescindible, a Doña Sofía, que tantas veces estuvo al lado y tantas otras ha estado por encima del propio Don Juan Carlos en la defensa de la democracia española, la entrega del Toisón a estos cuatro protagonistas de nuestra historia reciente parece haber servido, sobre todo, de llamada de atención sobre el estado en el que están dejando las cosas los protagonistas de nuestro momento político actual, cada día un paso más lejos de esa misma democracia. También para apreciar la enorme distancia que separa a aquellos políticos y a estos. No sabría decir qué resulta menos aleccionador: si comparar al constructor y padre de la Constitución Miguel Roca con el destructor y enemigo de la Carta Magna Carles Puigdemont o al mismo Felipe González con su triste heredero Pedro Sánchez.
O, dicho mejor con la propia cita del Rey, en su llamamiento al diálogo y al entendimiento, en recuerdo aquella transición, frente al agrietamiento actual de nuestra vida política y social: «La palabra frente al grito, el respeto frente al desprecio, el acuerdo frente a la imposición». O más aún: «En tiempos de crispación y desacuerdo, palabra, acuerdo, respeto y concordia». Concordia, sí: esa palabra que destaca sobre todas las demás en el epitafio de Adolfo Suárez, en su sepultura de la catedral de Ávila. Concordia, que se parece mucho a esa «paz civil» que reclamó Felipe González y que encomendó a la siguiente generación de la monarquía que reinstauraron Don Juan Carlos y Doña Sofía hace cincuenta años: la princesa Leonor. La necesidad urgente de empezar a mirar hacia el futuro, más allá de este instante oscuro de desconcordia, pensando en lo que dijo González citando a Lorca: que siempre «se recuerda hacia mañana». Ya va siendo hora de ajustar la memoria a lo por venir.
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