El camino de la prosperidad

«La izquierda cree en su capacidad transformadora, al contrario de la derecha del 'laissez faire'»

Miles de personas piden en Andalucía derogar la reforma laboral./Julio Muñoz / EFE
Miles de personas piden en Andalucía derogar la reforma laboral. / Julio Muñoz / EFE
Antonio Papell
ANTONIO PAPELLValladolid

La llegada de un gobierno progresista, capaz de durar cuatro años y, por tanto, con posibilidades de una programación a medio plazo, debe constituir una oportunidad para la prosperidad. La izquierda cree en su capacidad transformadora, al contrario de la derecha del 'laissez faire', y por esto los grandes cambios históricos han venido en este país de la mano de los progresistas (la derecha, por fortuna, ha respetado bastantes de estos progresos que han impulsado otros, como las reformas sobre el divorcio, el aborto y el reconocimiento de la diversidad sexual).

La sociedad española que sale de la crisis está altamente polarizada, porque, entre otras razones, vive en un marco de gran desigualdad. El 27 de febrero, la Comisión Europea presentaba un informe en el que reprendía a España por la elevada desigualdad y la excesiva pobreza. Cáritas acaba de presentar el dosier 'La vulneración del derecho al trabajo decente: empleo y exclusión social', elaborado por la Fundación Foessa.

Además, nuestro sistema laboral, con demasiados empleos de mala calidad, tiene un límite estructural cercano al 15%, que no se puede rebajar significativamente en la práctica. Es claro que la regresión de los derechos laborales causada por las dos reformas consecutivas, la socialista y la popular, con que se abordó la gran crisis (y con las que se intentó evitar la desaparición de empresas provocando indirectamente una gran devaluación salarial y un ajuste interno gratuito en las grandes compañías) tiene algo que ver con la precariedad actual. Sin embargo, la reforma laboral es solo un medio para conseguir mejores empleos y una mayor prosperidad general pero no colma las necesidades por sí sola. El cómo ir más allá es cuestión polémica, y Antón Costas ha prevenido a los socialistas sobre el particular. En un artículo reciente, tras declarar que «la desigualdad es el pecado mortal del capitalismo y asesina a la democracia», y dar por sentado que el Gobierno de Pedro Sánchez fijará como objetivo preferente una reducción de la misma, manifiesta dudas sobre cual será el camino elegido.

En definitiva, el gran cambio ha de consistir en la mejora del modelo de desarrollo, que debe recuperar tejido industrial y ha de generar trabajos de mayor valor añadido y más elevada productividad. Para ello, es preciso invertir en formación -y no sólo recursos: también inteligencia para conseguir mejores resultados de la docencia- y en I+D+i, materia esta última en que el sector público debe cebar la bomba de la investigación privada. Son medidas si se quiere poco vistosas porque dan fruto a medio y largo plazo pero el verdadero progresismo consiste más en sembrar que en cosechar.