Aprender de Italia

«Los sueldos de los representantes políticos españoles no son tan altos como los italianos, pero podríamos imitar al menos la disminución de cargos electos»

Aprender de Italia
ALESSANDRO DI MEO / EFE

La política y los políticos italianos no gozan de especial prestigio. A la proverbial inestabilidad de sus gobiernos, constante desde el final de la segunda guerra mundial, se había sumado más recientemente la aparición de entidades anómalas como Silvio Berlusconi, la separatista Liga Norte o el movimiento populista Cinco Estrellas, fundado precisamente por un actor cómico. Demagogos, tipos de dudosa reputación, populistas de todos los espectros dominaban la escena política. Tras el hundimiento de los partidos tradicionales, con el socialismo y la democracia cristiana a la cabeza, el buen sentido parecía haber abandonado la vida política. Durante mucho tiempo hemos admirado la habilidad del pueblo italiano para continuar su vida con normalidad a pesar de tener gobiernos que duraban tan solo unos meses y una clase política que casi nunca se mostraba a la altura de las circunstancias. Nos encontrábamos ante una sociedad civil emprendedora –al menos, en el Norte-, capaz de sacar el país adelante sin contar con el impulso de los inoperantes gobiernos centrales. El Sur era otra cosa, con la presencia del crimen organizado y una forma de vida basada más en las subvenciones públicas que en el propio trabajo (en honor a la verdad hay que decir que el Sur italiano no tiene el monopolio de esa cultura). A pesar de ese genio italiano, que afrontaba con éxito crisis y retos de todo tipo, en los últimos tiempos se ha acentuado cierto declive económico y social. Son muchos años de desgobierno y caos. La crisis y la corrupción generan hastío y descontento, terreno fértil para que los populistas lleguen al poder.

En ese contexto tan problemático, me alegra poder registrar una buena noticia de carácter político procedente de Italia. El Parlamento, a propuesta de Cinco Estrellas, acaba de aprobar una disminución del número de diputados y senadores. El Congreso pasará de tener 630 diputados a 400. El Senado, de 315 senadores electos –más seis vitalicios- a 200. En total, se pasará de 945 a 600 cargos electos, una reducción considerable, que permitirá ahorrar unos cien millones de euros al año. Hay que subrayar la unanimidad de todas las fuerzas políticas en la aprobación de esa medida. Ahora hay que someterla a referéndum, pero los observadores cuentan con que la ciudadanía la ratificará por amplia mayoría.

Pero lo bueno no queda ahí. A la vez, se ha aprobado una notable reducción del sueldo de los parlamentarios.Los diputados y senadores italianos encabezaban el ranking europeo de la remuneración de cargos electos: unos 167.000 euros de sueldo bruto, a los que había que sumar diversas prebendas. Esa retribución venía a suponer el quíntuplo del salario medio nacional. En países como Alemania, Francia o Austria, lo que ganan los parlamentarios oscila entre el doble o el triple del salario medio. Por ejemplo, los diputados alemanes perciben unos 120.000 euros al año.

La rebaja de esos sueldos escandalosos estaba en el programa del movimiento Cinco Estrellas, que fiel a su condición populista ha tenido siempre a la clase política entre ceja y ceja. En 2018 se aprobó un recorte drástico de las llamadas «pensiones doradas»: una vez cumplidos los 65 años, los diputados cobraban de por vida 5.600 euros mensuales; los senadores, 5.200. A partir de ahora recibirán cerca de 1.500 euros al mes. Ahorro estimado: 56 millones de euros. Como referencia, dos tercios de los jubilados italianos cobran una pensión inferior a 1.000 euros. Varios de los parlamentarios a los que se ha reducido la pensión han denunciado el recorte ante la justicia. Por fortuna, los tribunales vienen fallando en contra de los demandantes y confirman que la nueva pensión se ajusta a derecho. Si se les hubiera dado la razón –todo es posible ante un juez-, el escándalo social hubiera sido monumental.

Los sueldos de los representantes políticos españoles no son tan altos como los italianos, pero podríamos imitar al menos la disminución de cargos electos. La expansión del régimen autonómico ha generado una clase política desmesurada: parlamentarios regionales, defensores del pueblo, policías autonómicos, asesorías y otros organismos variados. El crecimiento del sector público no se corresponde con una mejora proporcional de sus prestaciones, lo que indigna a la ciudadanía. ¿Tendrán nuestros políticos el coraje exhibido por los parlamentarios italianos? La tarea parece asequible, pero nadie se practica el harakiri de buen grado y hay mucho pesebre que alimentar: afiliados y simpatizantes, socios de coalición, parientes –Móstoles está en toda España-. Quedamos a la espera del equivalente español a Cinco Estrellas, que sepa catalizar el descontento popular y poner de acuerdo a las fuerzas políticas.