Zohran Mamdani: socialista, musulmán y alcalde de Nueva York
Carta del director ·
«La práctica llegará el día que Mamdani se haga cargo de un presupuesto y de 300.000 policías, maestros y trabajadores sociales. Cuando llegue ese momento, no bastará la sonrisa que ha caracterizado su apuesta electoral»Zohran Mamdani, un político de 34 años prácticamente desconocido hace tan solo unos meses, de ideología socialista, apadrinado por el senador independiente Bernie Sanders ... , musulmán, rapero e inmigrante (nació en Uganda), será el próximo alcalde de Nueva York después de obtener el 50% de los votos en las elecciones. Logró un millón de votos.
El editorial de El País del pasado jueves ofrecía algunas claves del contexto en el que se ha producido este resultado: «La inyección de esperanza que supone la victoria de Mamdani abre al mismo tiempo una brecha en el Partido Demócrata. Si bien la elección es un rechazo palmario a Trump, también lo es a un determinado perfil del partido. [...] A pesar de su gran simbolismo, la victoria de Mamdani no es la más significativa de las múltiples elecciones celebradas el martes en Estados Unidos. Los demócratas ganaron las importantes elecciones a gobernador en Nueva Jersey y en Virginia, esta última en manos republicanas. Ambas serán para mujeres de perfil moderado».
Ramón Aymerich, en La Vanguardia, insistía: «Su victoria supone un reto para la dirección de un partido que lleva años sin dirigirse a la clase trabajadora. ¿Podrá el partido de Barack Obama y Kamala Harris desentenderse de la victoria en Nueva York? ¿O se reorientará hacia una coalición más amplia en la que quepan todas las sensibilidades, también las que representa el alcalde de Nueva York?» Y nuestro editorial, el mismo día, aseguraba: «La primera respuesta de Donald Trump a la contundente elección de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York combina la rabieta infantil con la constatación de que le ha llegado alto y claro el mensaje de unas urnas en las que el martes los republicanos lo perdieron todo».
Más interesante aún es lo que opina Steve Bannon, uno de los inspiradores de todas las corrientes ultraderechistas mundiales. Así lo explicaba el portal 'Político', referente periodístico ineludible para entender la política en Washington y Estados Unidos: «Muchos republicanos celebran la victoria de Zohran Mamdani, considerando al socialista demócrata de 34 años un regalo político y una carga para el Partido Demócrata. Steve Bannon no comparte esta opinión. El ex estratega jefe de la Casa Blanca lleva tiempo defendiendo la idea de que el populismo es el motor de la política moderna. Y considera que la elección de Mamdani como alcalde de Nueva York es prueba de su vigencia y una señal del creciente movimiento antisistema de la izquierda, que los republicanos harían mal en ignorar».
Hasta aquí la teoría. La práctica llegará el día que Mamdani se haga cargo de un presupuesto y de 300.000 policías, maestros y trabajadores sociales. Cuando llegue ese momento, no bastará la sonrisa que ha caracterizado su apuesta electoral ni la sencillez de sus mensajes: alquileres más baratos, transporte más accesible, más limpieza, más guarderías.
Sin embargo, conviene destacar algunas virtudes de su proeza. En el programa The Daily Show de Jon Stewart dijo, a pocos días de las elecciones, que su secreto para lograr la victoria que ya anticipaban las encuestas había sido el trabajo de campo de sus 100.000 voluntarios. Es decir, movilizó un voluntario por cada diez votos. No es mala proporción. Pero sobre todo, esas personas pidieron el apoyo de los ciudadanos puerta a puerta, llamada a llamada, sobre la base de una campaña en la que las calles de Nueva York, sus gentes y la sonrisa inclasificable del candidato lo han inundado todo.
En días como este, siempre me fijo en la revista New Yorker, que ya he comentado en mis cartas más de una vez. La portada del 17 de noviembre próximo es una ilustración del dibujante de origen cubano Edel Rodríguez. Se puede ver un vagón de metro lleno de gente con Mamdani en el centro, sujetándose de la barra anclada al techo con su brazo izquierdo. El autor explica la obra: «Mamdani pasó gran parte de su campaña por la ciudad, visitando bodegas, montando con taxistas, haciendo preguntas, bailando, riendo. Le mostró a todos con los que se encontró que él es uno de ellos». En realidad no es así, no es exactamente uno de ellos. Es el único que sonríe, todos los demás personajes de la portada están tristes. Y eso cuenta.
Creo que son tres las razones principales por las que este político especializado en asesorar a inquilinos amenazados por el desalojo ha arrasado en Nueva York. Porque ha sabido gestionar muy bien las redes sociales, pero pateando la calle todos los días, a todas horas, en un ejercicio de contacto con el ciudadano a flor de piel. Porque durante el último año entero no ha hecho otra cosa que desear, obsesivamente, la alcaldía de Nueva York. Hace poco me dijo alguien que sabe mucho de políticos que lo que une a todos los grandes líderes es que son obsesivos con su responsabilidad. Ahí lo tienen. Y en tercer lugar, porque ha sido capaz de expresarse con una sonrisa perenne en un mundo triste, especialmente Nueva York, lleno de enfadados, agresividad y testosterona. Una simple mueca es a veces suficiente para cambiar el mundo.
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