Alergia o parásitos

«El cuerpo electoral de Castilla y León vía elecciones ha generado su propia y específica inmunoglobulina E, la IgEA de nombre Francisco»

Francisco Igea, durante su comparecencia en la sede regional de Ciudadanos./Ramón Gómez
Francisco Igea, durante su comparecencia en la sede regional de Ciudadanos. / Ramón Gómez
Joaquín Robledo
JOAQUÍN ROBLEDOValladolid

El ser humano, entre otros bichos, ha desarrollado un sistema inmunológico con el propósito de defenderse de los gérmenes patógenos que le pudieran atacar. Para ese combate, nuestro sistema defensivo emplea una serie de anticuerpos, las inmunoglobulinas, cuya labor consiste en identificar primero y neutralizar después los elementos nocivos que vinieron a menoscabar nuestra salud. En determinadas ocasiones, sin embargo, este método defensivo se activa de forma inconveniente provocándonos enfermedades autoinmunes o alergias.

En este último caso, el de las reacciones alérgicas, el cuerpo produce en exceso el tipo E de inmunoglobulina, la IgE. Esta misma sustancia se activa también cuando el cuerpo detecta un ataque de algún tipo de parásito.

El cuerpo electoral de Castilla y León vía elecciones ha generado su propia y específica inmunoglobulina E, la IgEA de nombre Francisco. Y es que sobre el presidenciable de Cs recae la tarea de decidir en qué lado del fiel colocará su peso para inclinar la balanza. Falta por saber si la alta presencia de este anticuerpo en la sangre de nuestra comunidad es por una reacción alérgica, un matar moscas a cañonazos, algo de urticaria, algún ronchón y poco más; o tiene como objetivo cierto acabar con algunas prácticas parásitas de nuestra política. En esa decisión está la prueba del nuevo de Igea. No tanto por el quién cuanto por el cómo. Nos dirá si Castilla y León se resigna –una vez más– a un papel periférico, subsidiario, o se hace política aquí sin aceptar ser parte de un conchabeo capitalino.

Lo cierto es que las inercias son muy fuertes. En términos políticos, por los propios nunca se valoró nuestra tierra más que como trampolín para saltar a un Madrid tanto real como metafórico: hay que recordar aquel Consejo de Ministros con tres expresidentes de la comunidad. Para los foráneos somos un simple cromo para, llegado el caso, intercambiar.

Los últimos discursos de Igea son de consumo interno, habla donde pille pero se dirige a la cúpula de su partido. Haciendo pública su voluntad, pretende forzar a dicha cúpula a aceptar lo que aquí decidan. En la necesidad de hacerla pública se entrevé la existencia de tensión: de saberse respetado no tendría necesidad de envalentonarse. El tiempo hablará.