Torra y Puigdemont llaman a reaccionar y manifestarse contra la sentencia

Quim Torra. /Efe
Quim Torra. / Efe

Los dirigentes secesionistas evitan aun así alentar la desobediencia civil o institucional en sus últimas arengas

CRISTIAN REINOBarcelona

Horas antes de que se conozca la sentencia del Tribunal Supremo contra los líderes del 'procés', que ya se anticipa que será condenatoria para buena parte de los acusados, los principales dirigentes del independentismo llamaron este sábado a la movilización ciudadana para reaccionar de manera unitaria, firme y pacífica al fallo judicial, calificado desde el secesionismo como una «venganza» contra Cataluña.

La ANC, Ómnium Cultural, los CDR y la plataforma Tsunami democrático preparan protestas para los próximos días, con el objetivo de paralizar Cataluña durante buena parte de la semana. Se prevén grandes manifestaciones y disturbios. Lo que está por ver es el grado de intensidad. El presidente de la Generalitat Quim Torra; el expresident Carles Puigdemont y el vicepresidente Pere Aragonès alentaron, en actos por separado de JxCat y ERC, a la población a manifestarse los próximos días.

«Para defender la libertad, la democracia y, por encima de todo, la dignidad del pueblo», dijo Torra. «Hay que mantenerse firmes. La represión nunca ha vencido a los catalanes», señaló. Según Torra, la sentencia marcará un antes y un después. Cerrará, a su juicio, una etapa y abrirá otra. En esta nueva, considera que el independentismo tiene que tomar la iniciativa para poner rumbo hacia la secesión. «Cataluña está a punto», aseguró. Puigdemont, por videoconferencia, pidió «reaccionar» y apeló a la unidad. «Nos tenemos que poner de acuerdo para una respuesta de país», dijo. Mientras, Aragonès, en el consejo nacional de ERC, advirtió de que el secesionismo tiene que estar «preparado para salir a la calle y para responder institucionalmente». «No nos decapita nadie», avisó.

El independentismo llamó a la movilización, pero evitó hacerlo con la máxima contundencia. Existe un cierto temor a que las protestas se les vayan de la mano y pasen de concentraciones y manifestaciones a actos de desorden público, que pudieran acabar en enfrentamientos con los Mossos y perjudicar su intento de presentar al movimiento como pacífico y no violento. Torra ya ha aprendido la lección, apuntan en su entorno, y no será fácil que vuelva a alentar a los CDR a que «aprieten», como hizo hace un año, ya que la arenga se le volvió en contra pues la jornada acabó con un grupo de activistas intentando entrar a las bravas al Parlament. La situación no es la de octubre de 2017 y nadie duda en el independentismo, que si los Mossos tienen que actuar, lo harán. «Torra ha tenido un año para cesar a Buch (consejero de Interior) y si no lo ha hecho es porque también asume las cargas contra los CDR», apuntan fuentes de Esquerra.

El independentismo apuesta por la desobediencia civil como respuesta a la sentencia, pero es una incógnita ver cómo se materializa, ya que el secesionismo no supera el 50% de apoyo popular y las acciones que puedan resultar más radicales, como las ocupaciones de infraestructuras básicas o las que pueden poner en riesgo a la economía, no tienen el aval de amplios sectores del soberanismo. Otra cosa es lo que hagan los CDR por su cuenta. La vía hongkonesa pudo estar sobre la mesa y Torra la defendió en público en su conferencia en Madrid en septiembre, aunque buena parte de los actores independentistas han rebajado el tono en los últimos días pues una reacción excesivamente contundente en la calle tendría un efecto bumerán de desgaste para el movimiento. Así, Torra, Puigdemont y Aragonès evitaron en sus últimas intervenciones llamar a la desobediencia civil.

Humo y simbolismo

Tampoco a la institucional, que parece ya una opción guardada en un cajón y que nadie ha mentado desde que la Cámara catalana aprobó una resolución a su favor el pasado 26 de septiembre. En realidad fue una emboscada de la CUP a JxCat y ERC. Habrá una reacción inmediata del presidente de la Generalitat, que llevará una resolución a favor del derecho a la autodeterminación a la Cámara catalana. Pondrá en un aprieto al presidente del Parlament, Roger Torrent, y a los miembros de la mesa que tienen un aviso del Tribunal Constitucional. Pero la sentencia se acatará desde el punto de vista institucional. En ERC temen, eso sí, que Torra busque un gesto de «humo» y de «simbolismo vacío». Pero si va más allá y pone en riesgo las instituciones catalanas, podría quedarse solo y provocar una crisis en JxCat y con ERC.