Toca pragmatismo

Mejorar la calidad del empleo es un objetivo irrenunciable, pese a la renuncia de Sánchez a su promesa de derogar la reforma laboral

Toca pragmatismo
Juan Carlos Hidalgo
El Norte
EL NORTEValladolid

La ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, ha dado una muestra de crudo realismo político al reconocer algo tan obvio como que la presencia en el Gobierno impone «una mayor dosis de pragmatismo» que el ejercicio de la oposición. Lo ha hecho al justificar la primera promesa incumplida de Pedro Sánchez. La reforma laboral que el recién estrenado presidente se había comprometido a derogar en cuanto accediera a la Moncloa seguirá tal cual, salvo algunos «retoques» que el Ejecutivo socialista condiciona a su aceptación previa por parte tanto de los sindicatos mayoritarios como de la patronal, lo que limita a la fuerza su alcance.

Ni la asfixiante minoría del PSOE en el Congreso le permite ir mucho más allá, ni la regulación sobre una materia tan sensible admite improvisaciones o pasos en falso que pongan en peligro la magnífica evolución del mercado de trabajo que Sánchez ha heredado del PP. El Gobierno ni siquiera ha intentado reconstruir la variopinta mayoría que derrocó a Rajoy para tumbar una controvertida norma que ha favorecido la masiva creación de empleo tras la crisis, aunque al precio de precarizarlo y de devaluar los salarios. Imponer sus tesis a través de un decreto-ley no parece la solución cuando los socialistas han criticado, con toda lógica, el abuso de esa fórmula por parte del PP y, además, probablemente carecerían de votos para convalidarlo en el Parlamento. Sin olvidar que Bruselas ve con mejores ojos cambiar la reforma laboral para endurecerla que para suavizarla.

Con la elección de su equipo económico y sus primeros pasos en esta materia, el presidente parece inclinarse más por el posibilismo que por un brusco viraje a la izquierda, quizás escarmentado por los errores de Zapatero. Sería absurdo ignorar los resultados de una regulación con la que el paro se ha reducido en 1,8 millones de personas desde que tocó techo en febrero de 2013 y la Seguridad Social ha ganado 2,73 millones de afiliados. Pero también despreciar los nocivos efectos de toda índole que genera el brusco empeoramiento del empleo. La creciente precarización del mercado de trabajo es de todo punto insostenible. Por razones de competitividad económica y de justicia social. Y no está justificada ni por la estructura productiva del país ni por una situación de emergencia que requiera una cirugía invasiva. Una mejora de la calidad del empleo ha de ser compatible con un vigoroso aumento de la ocupación en una etapa expansiva como la actual. Adecuar la regulación laboral a ese objetivo con sensatez y realismo es un reto que pondrá a prueba la capacidad de consenso social y político en España.

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