Pedro Sánchez admite que hay «riesgo cierto» de elecciones

El presidente del Gobierno en funciones Pedro Sánchez, durante su intervención en el Consejo de Política Municipal celebrado hoy en Toledo. / EFE/Ismael Herrero

El líder socialista afronta la semana decisiva de la negociación con un emplazamiento a Unidas Podemos para que dé un «paso adelante» y lanza el guiño de la derogación de la reforma laboral

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Pedro Sánchez reconoció este sábado por primera vez que, tal y como están las cosas, existe «un riesgo cierto» de que haya nuevas elecciones el 10 de noviembre. Hasta ahora, se había cuidado de admitir esa posibilidad, aunque todos quienes han hablado con él en privado en los últimos días sacaron la conclusión de que las urnas estaban más cerca que el acuerdo con Unidas Podemos. Esa fue la impresión que sacaron el presidente del PNV, el líder del PSC, y el presidente de Cantabria.

El líder socialista transformó la reunión del Consejo de Política Municipal de su partido reunido en Toledo en un mitin. Ante 800 alcaldes, concejales y cargos orgánicos llegados de toda España, el PSOE desplegó toda la fanfarria musical y el atrezo de los actos de campaña electoral. El tono de Sánchez estuvo a tono con esa puesta en escena, con arengas a los suyos y emplazamientos a Unidas Ciudadanos para que «dé un paso al frente» y acepte sus condiciones para alcanzar un acuerdo sobre su programa de gobierno.

El líder socialista parecía querer dar la razón a las denuncias de los dirigentes morados de que las negociaciones abiertas el pasado jueves formaban parte de la operación «de marketing» electoral que han dibujado en la Moncloa. (El PSOE juega un papel secundario en la estrategia de Sánchez). El jefe de los negociadores de Unidas Podemos, Pablo Echenique, ratificó ayer esas sospechas en RNE porque a su entender no hay más que ver los movimientos de Sánchez y su partido de los últimos días para tener «toda la impresión de que el PSOE quiere repetir elecciones y por eso no hace más que buscar excusas» para no llegar a un pacto.

Aunque entre los socialistas no hay consenso aún, el presidente del Gobierno parece tener claro de que el acuerdo con los de Pablo Iglesias no será posible y, además, el calendario se aprieta. Los plazos son más exiguos por expresa voluntad de Sánchez, que ha diseñado con su equipo –su jefe de gabinete, Iván Redondo, la vicepresidenta, Carmen Calvo, el ministro José Luis Ábalos y la portavoz parlamentaria, Adriana Lastra– una medida estrategia, cuyo resultado es que a falta de dos semanas para que venza el plazo del 23 de septiembre y evitar las urnas no hay acuerdo ni se atisba.

Las delegaciones negociadoras tenían previsto intercambiar papeles este fin de semana, y verse, es posible que mañana o el martes, para volver a intentar un acercamiento. La próxima semana es clave y, según reconocen tanto en el PSOE como en Unidas Podemos, si no se cierra con un pacto es improbable que se alcance después. El 16 de septiembre sería el último día útil porque permitiría que el Rey hiciera una ronda exprés con los líderes políticos para convocar a continuación del debate de investidura en el Congreso. Más tarde no habría fechas disponibles.

Solo una oferta de último minuto de uno u otro podría evitar que haya elecciones generales el 10 de noviembre. La negociación sobre las bases actuales está condenada al fracaso, y Sánchez e Iglesias lo saben. Pero ambos están dispuestos, según aseguran en sus respectivos equipos, a tensar la cuerda hasta el final para sea el otro el que sienta el vértigo y afloje las piernas con una propuesta aceptable.

Sánchez tiene esta composición de lugar en su cabeza y en el acto de Toledo intentó arrinconar en las cuerdas a Iglesias. «Si con 151 escaños fuimos capaces de hacer lo que hicimos en doce meses, con 165 qué no podemos hacer en cuatro años», emplazó al líder de Unidas Podemos. Recordó que con los 84 diputados socialistas y los 67 morados de la pasada legislatura pactaron la subida del salario mínimo a 900 euros, medidas en materia de igualdad y de lucha contra la violencia machista, y sellaron un acuerdo presupuestario. Ahora, el PSOE tiene 123 y Unidas Podemos, 42, a once de la mayoría absoluta, pero suficientes, a ojos de Sánchez, para gobernar porque en sus números cuenta con el PNV, Compromís, el PRC cántabro y las ocasionales ayudas de los soberanistas. «Tenemos los votos, los escaños, el programa común y lo único que necesitamos es que Unidas Podemos dé un paso al frente», reclamó el líder socialista.

Inestabilidad

Se permitió además un guiño reclamado por los de Iglesias pero que se negaba a dar y planteó acabar con la reforma laboral de 2012 que lleva la firma de Mariano Rajoy. «Le digo a Unidas Podemos que los españoles nos vean el 10 de noviembre trabajando por derogar la reforma electoral» en vez de ir a votar. Esta medida no figura en el paquete de 370 que forman el programa de gobierno que han ofrecido al partido morado, y su ausencia, junto a otras, agrandaba las distancias entre ambas formaciones.

Pero en Unidas Podemos no están por dejarse impresionar. Su negociador en jefe volvió ayer a la carga con el Gobierno de coalición porque de no ser así puede haber investidura de Sánchez, pero lo que no habrá será una legislatura tranquila. Echenique auguró «inestabilidad» parlamentaria, y eso «no es sensato» cuando es posible evitarlo. Una forma de volver a poner sobre la mesa la amenaza de apoyar la investidura y a continuación dejar caer a Sánchez.

Además se rebeló contra el juego de buscar fisuras dentro de su equipo, como hizo la portavoz del Gobierno el pasado viernes. Isabel Celaá apuntó que en la reunión mantenida el día anterior los negociadores de las confluencias «oyeron por primera vez» por boca del PSOE detalles de la negociación que ignoraban porque desde Podemos no se los habían dado. «¿Buscar grietas en los que llamas tus 'socios preferentes' para que acepten por la fuerza que lo propuesto hace un mes caducaba como un yogur y que te quedas con todo el gobierno como si tuvieras mayoría absoluta es negociar de buena fe?», escribió Echenique en Twitter. «Por cierto –apostillió– (las diferencias) no las van a encontrar».