Revuelta por la libertad

Venezuela se asoma de nuevo al precipicio con la ofensiva de Juan Guaidó para derrocar a Nicolás Maduro

Juan Guaidó, entre sus partidarios./EP
Juan Guaidó, entre sus partidarios. / EP
EL NORTEValladolid

Venezuela vuelve a asomarse al temerario precipicio de un enfrentamiento armado en un clima de máxima tensión propiciado por el enrocamiento del régimen de Nicolás Maduro, en cuyas credenciales democráticas dejó de creer hace tiempo la comunidad internacional. La liberación del líder opositor Leopoldo López por parte de un grupo de militares y policías de su reclusión domiciliaria y su aparición al lado de Juan Guaidó en las inmediaciones de la base aérea de La Carlota, en el inicio de la denominada 'Operación Libertad', colocan de nuevo al país en una situación tan caótica como crítica.

La llamada de Guaidó a las Fuerzas Armadas y al conjunto de la población para derrocar al chavismo dio lugar a una movilización que al parecer se adelantó unas horas a la fecha prevista, fijada para este miércoles. El Gobierno de Maduro no dudó en hablar de «intento de golpe de Estado fracasado» y en asegurar el apoyo del estamento militar al régimen. La confusión rodea una ofensiva con aire de precipitada que pretende forzar el restablecimiento del Estado de Derecho en Venezuela.

El Ejecutivo español expresó su rechazo a cualquier golpe de Estado y reiteró su apuesta por unas elecciones con plenas garantías democráticas. La movilización de los partidarios de Guaidó no pareció ni tan masiva ni tan coordinada como cabía esperar de una iniciativa de extrema complejidad si se quiere garantizar su éxito y, en todo caso, de alto riesgo. El pulso de este martes hizo revivir el interés por las dificultades que atraviesa la libertad y el bienestar de los ciudadanos en Venezuela frente a un régimen que trata de perpetuarse en el populismo bolivariano. Guaidó fue proclamado «presidente encargado» por la Asamblea Nacional el pasado enero, y reconocido como tal –en unos términos u otros– por buena parte de la comunidad internacional, incluidos el Gobierno español y la Unión Europea.

La colisión entre una autoridad legitimada a través del Parlamento y un poder que ha ido retorciendo la legalidad para mantenerse en la «usurpación» genera impotencia y frustración entre quienes, dentro y fuera del país, tratan de hallar vías para una transición pacífica a la democracia. Se requerirán algunos días más para concluir el balance de lo acontecido en Venezuela. Pero no parece que el laberinto venezolano permita salir del atolladero mediante atajos o llamadas a alzamientos imprevistos. Solo cabe esperar que no haya víctimas por este intento en favor de la libertad.