El pulso de Puigdemont

El alejamiento de los más dialogantes revela la debilidad a la que la obcecación independentista ha llevado a la sociedad catalana

El pulso de Puigdemont
El Norte
EL NORTEValladolid

El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont ha decidido presentarse a las elecciones europeas del próximo 26 de mayo encabezando la candidatura de Junts per Catalunya, anunciando que si es elegido regresará de su autoexilio. Es más que probable que Puigdemont obtenga los votos necesarios para obtener escaño en la Cámara de Estrasburgo. Pero lo haría en representación de la circunscripción española, sujeto a la obligación legal de personarse ante la Junta Electoral Central en busca del acta que le permita hacer efectiva su condición de parlamentario europeo previa promesa de cumplir con la Constitución. Cuando se presentó como candidato a la presidencia de la Generalitat en las autonómicas del 21 de diciembre de 2017, Puigdemont anunció que volvería a Cataluña para hacerse cargo de su responsabilidad. No lo hizo, evidentemente, porque ello habría supuesto su entrada en prisión. Esta vez las imputaciones por las que Puigdemont es objeto de una orden de detención en territorio español son tan anteriores a su previsible elección el 26-M, que ninguna cláusula de inmunidad como electo europeo podría ampararle. Aunque, como también parece evidente, el vecino de Waterloo persiga erigirse con anterioridad a los comicios de mayo en causa victimista de una imaginaria colisión entre la Europa de las libertades y una España deficitaria en términos democráticos. Es obsceno que Carles Puigdemont irrumpa de esa manera en medio del juicio que se sigue contra otros dirigentes secesionistas que se encuentran a disposición del Tribunal Supremo, retando a Oriol Junqueras –cabeza de lista de ERC a las europeas– a un pulso plebiscitario dentro de la comunidad independentista. Pero esa es su intención. Hacerse la víctima provocando una controversia de semanas sobre el destino de su figura y, así, preservar su égida chantajista sobre el conjunto del independentismo catalán para empujar al Estado constitucional a la inestabilidad. Que Puigdemont haya conseguido en estas últimas semanas hacerse con las riendas del universo posconvergente, orillando a quienes se mostraban más dialogantes, ante las elecciones generales, locales y europeas que se sucederán entre abril y mayo, revela la extrema debilidad a la que la obcecación independentista ha conducido a la propia sociedad catalana. El desprecio de Puigdemont no solo hacia el testimonio del lehendakari Urkullu en el juicio del Supremo da sentido a la advertencia del diputado Carles Campuzano sobre los «chantajes emocionales» que atenazan al PDeCAT.