Matar al relator

De tanto acercarse al independentismo, Pedro Sánchez se ha acabado quemando, sin que pueda hacerse la víctima ante la manifestación de mañana

El vicepresidente del Govern i conseller de Economía, Pere Aragonès y la consellera de la Presidencia y portavoz del Govern, Elsa Artadi (i), durante la rueda de prensa ofrecida esta tarde en la que acusaron al Ejecutivo de Pedro Sánchez de haber «roto» el diálogo. /Efe
El vicepresidente del Govern i conseller de Economía, Pere Aragonès y la consellera de la Presidencia y portavoz del Govern, Elsa Artadi (i), durante la rueda de prensa ofrecida esta tarde en la que acusaron al Ejecutivo de Pedro Sánchez de haber «roto» el diálogo. / Efe
El Norte
EL NORTEValladolid

El Gobierno de Pedro Sánchez decidió ayer suspender sus negociaciones con el independentismo gobernante en Cataluña, dejando de lado el nombramiento de un 'relator', que hasta la víspera aparecía como asunto clave para desencallar las relaciones del Estado constitucional con el secesionismo y, a la vez, como motivo para la convocatoria acordada entre Ciudadanos y el PP de una concentración en la madrileña plaza de Colón, el domingo al mediodía, reclamando elecciones inmediatas. La política partidaria en España se mueve a base de impulsos y de renuencias; en un clima de confrontación de todos contra todos. La fragmentación parlamentaria es, a la vez, causa y efecto de esa efervescencia. La vicepresidenta Carmen Calvo quiso ayer desactivar la confrontación cuando ya era tarde para las pretensiones del Gobierno de Sánchez. Porque no se pueden apurar las oportunidades del voluntarismo dialogante, tratando de enfriar la caldera independentista para procurar el apoyo del secesionismo al proyecto presupuestario de 2019, creyendo que el intento podría pasar inadvertido cuando el equilibrio parlamentario se encuentra tan al límite. El presidente Sánchez llevó adelante la moción de censura contra Rajoy y su Gobierno anunciando que se trataba de una vía para convocar elecciones de regeneración democrática. Las reacciones que el Gobierno suscita a cada paso tienen que ver con aquel anuncio y con su insolvencia parlamentaria. La presunción más o menos entusiasta de que la presidencia de Sánchez está llamada a operar un cambio social en el país y a integrarlo territorialmente ha de someterse, para los propios socialistas, a una prueba definitiva: las urnas. No es posible que Pedro Sánchez continúe sorteando las dificultades que afectan a la gobernabilidad del país mediante una suerte de movimientos tácticos para prolongar su mandato. Los acuerdos parlamentarios que un grupo con solo 85 escaños precisa para mantenerse en el Gobierno no pueden situarse en el ámbito de las elucubraciones y los enigmas. Mucho menos cuando de lo que se trata es de asegurarse el apoyo de formaciones que propugnan la desconexión de Cataluña con respecto al Estado constitucional. Temeridad que ha merecido el reproche público de significadas personalidades socialistas a cuenta de la malhadada ocurrencia del 'relator'. De tanto acercarse al fuego por su cuenta, Pedro Sánchez se ha acabado quemando, sin que a estas alturas se atreva a relatar lo ocurrido; por vergüenza y porque ya no tiene remedio. Pero tampoco está en condiciones de hacerse la víctima ante la manifestación de mañana en Madrid.