La llama catalana

Es irresponsable apostar la gobernabilidad y la estabilidad del país a una figura tan inconsistente y, a la vez, provocadora como la de un «relator»

La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, comparece en el Palacio de la Moncloa para explicar la figura del 'relator'./EP
La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, comparece en el Palacio de la Moncloa para explicar la figura del 'relator'. / EP
El Norte
EL NORTEValladolid

El Gobierno ha caído en un enredo inexplicable al dar carta de naturaleza a la figura del «relator» para facilitar un diálogo político en torno a la crisis catalana, sin precisar cuál es el objeto concreto de ese diálogo, sin aclarar quiénes serían sus partícipes y sin despejar sus intenciones últimas. El «intermediario» era la figura que venía reivindicando periódicamente el independentismo para, con ella, transmitir la idea de que el problema precisaba soluciones excepcionales, y por eso exigía vías de negociación alternativas a las institucionales. La vicepresidenta Carmen Calvo puntualizó ayer que el Ejecutivo no precisa un «relator» para relacionarse con la Cataluña oficial, de modo que la admisión de tal figura se refería a la relación entre los grupos parlamentarios catalanes que han decidido entablar un diálogo al margen de su papel ordinario –Junts per Cat, ERC, PSC y En Comú Podem–. Ello hace aún más incomprensible que el Gobierno se implique activamente en la gestación de tan enigmática figura, a la que parecen atribuírsele funciones indefinidas y sugiere el inicio de un proceso de selección imposible. Es absolutamente irresponsable que el Gobierno se decidiera a apostarlo casi todo respecto a la gobernabilidad y a la estabilidad del país –para apurar las posibilidades de sacar adelante sus presupuestos– con la consagración de una figura tan inconsistente y, a la vez, tan provocadora. Las apelaciones a la Constitución no fueron suficientes para que el Gobierno pudiera justificar el despropósito; y menos cuando la mención a un «relator» en ningún caso asegura los propósitos que parece albergar el presidente Sánchez. Su única consecuencia tangible es que Ciudadanos y el PP convocaron una concentración en la Plaza de Colón de Madrid para el próximo domingo, contra ese «relator» y mucho más. Llamamiento que cuenta con el apoyo de Vox. No es bueno que partidos democráticos opten por movilizar a sus seguidores frente a las decisiones políticas de sus adversarios, por censurables que sean, al margen de los procedimientos institucionales. En este caso, la ambigüedad indolente sobre el «relator» y sobre el alcance del diálogo gubernamental ha propiciado que PP y Ciudadanos cargaran las tintas en sus críticas al comportamiento del socialismo de Sánchez –«humillación», «traición»–, que también han cuestionado en público barones del PSOEque s ejuegan su futuro en las elecciones de mayo. De modo que la convocatoria del domingo, junto a Vox, adquiere todas las connotaciones de una movilización identitaria en nombre de la legalidad constitucional. Una espiral de división entre constitucionalistas que el independentismo catalán saluda ya como su logro más importante.

 

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