El intento de internacionalizar el 'procés' acaba en una torre de Babel

La eurodiputada socialista portuguesa Ana Gomes declara en el juicio del 'procés'./EFE
La eurodiputada socialista portuguesa Ana Gomes declara en el juicio del 'procés'. / EFE

Los testigos de los procesados, sin quererlo, apuntillan la tesis de la malversación al reconocer que fueron observadores oficiales del referéndum

MELCHOR SÁIZ-PARDO y MATEO BALÍNMadrid

El Tribunal Supremo se convirtió este lunes en una verdadera torre de Babel. El intento de las defensas de los líderes independentistas por internacionalizar el 'procés' y demostrar a la sala que otros países censuran a España por no permitir la consulta en Cataluña acabó en un galimatías lingüístico y jurídico.

Horas de sesión con intérpretes desesperados -a veces incluso al bordo del llanto- para no aclarar nada, ni siquiera, quién pagó a los supuestos observadores internacionales que estuvieron el referéndum del 1-O en Cataluña, un aspecto clave para probar la malversación de los procesados. Eso sí -con videoconferencia incluida- alguno de los testigos de la defensa, sin quererlo, metió la pata al reconocer que sí, que fueron parte de un equipo de observadores internacionales en una consulta de independencia.

Las lenguas extranjeras invadieron ayer el tribunal a iniciativa de Andreu Van den Eynde, el abogado del exconsejero de Exteriores Raül Romeva, en un intento de que políticos internacionales afines a la causa secesionista defendieran el buen nombre del procesado y desde el domingo senador electo. Pero la situación, desde el principio, se volvió surrealista.

El interrogatorio de Ivo Vajgl, eurodiputado de Eslovenia y amigo de Romeva de los años en que éste último era parlamentario europeo, devino en un despropósito con la intérprete totalmente bloqueada por la situación e incapaz, siquiera, de traducir las fechas correctamente. La confusión fue tal que el tribunal dio por bueno que, efectivamente, el testigo conocía desde hace años a Romeva y no desde hacía unos pocos meses.

Como ya ha ocurrido con otros muchos testigos de las defensas, ansiosos por dar su opinión sobre lo lícito de la intentona secesionista, el político esloveno se deslizó por vías opinativas que fueron cortadas de raíz por el presidente Manuel Marchena, con lo difícil que ésto se hizo con la traducción simultánea. Y a partir de ahí todo fue un barullo.

Ana Gomes, eurodiputada portuguesa, también vino a glosar las bondades de Romeva. «Es un verdadero demócrata. Siempre quiso una solución negociada para Cataluña», dijo con traductor hasta que se hartó del intermediario y terminó expresándose en un aceptable castellano. La política lusa se vio tan suelta como para describir sus sensaciones el 1-O, a pesar de estaba siguiendo las votaciones por la televisión desde Lisboa. «La testigo está contando lo que vio en televisión. Con ese criterio cualquier persona podría venir aquí a contar lo que vio por la tele», le cortó Marchena cuando Gomes estaba narrando lo mal que lo pasaron sus nietos viendo las imágenes.

El lío continuó con Andrej Hunko, diputado del Bundestag y de la asamblea del Consejo de Europa. El abogado de Romeva le había llamado para que negara haber sido un «observador» internacional y que defendiera que haber sido un «visitante» sin financiación púbica, pero el letrado Van den Eynde se quedó pasmado cuando el traductor dijo que sí, que el testigo había sido un «observador» para el referéndum.

Un barrizal

Tras una lección del abogado sobre lo que debía traducir el intérprete, al final el testigo dijo no saber nada: ni quién le invitó a Cataluña ni quién pagó el viaje ni lo que venía a hacer. Hunko se dio cuenta del 'jardín' en el que se metía e insistió en que la «administración catalana» no le pagó.

Para entonces, la sesión ya era un barrizal lingüístico y jurídico. Y llegó Manon Massé, política nacionalista quebequesa, declarando por vídeoconferencia desde Montreal. Y Massé, a pesar de ser testigo de la defensa, confesó lo que no quería que dijera el abogado: «He participado a título de observadora en el referéndum», apuntó antes de meterse en camisa de once varas sin que nadie se lo pidiera. «Mi partido es independentista y reconoce el derecho de autodeterminación, y con la CUP creamos lazos», admitió antes de admitir que fue esta formación que le invitó a hacer de observadora y que la AMI (Asociación de Municipios Independentistas) le guió en su visita.

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