La hora de la verdad

El juicio por el 'procés' y la votación de los Presupuestos condicionan el futuro de una legislatura estéril que ya no da más de sí

La hora de la verdad
Efe
El Norte
EL NORTEValladolid

A la inestabilidad que azota España desde el inicio de la legislatura por el desafío del independentismo catalán y la fragmentación del arco parlamentario se añade ahora el riesgo cierto de un nuevo estallido del clima de crispación que envenenó la política nacional en el pasado reciente, azuzado por la cercanía de las elecciones del 26 de mayo. La concentración convocada para hoy en Madrid por el PP y Ciudadanos, con el apoyo de Vox, en protesta por la «traición» de Pedro Sánchez ante los secesionistas, traslada a la calle una controversia que debiera ventilarse a través de los cauces institucionales habilitados en un sistema democrático. Esa movilización es el último reflejo del irrespirable ambiente generado por la terquedad del soberanismo en violentar las leyes e ignorar a más de la mitad de la población de Cataluña que rechaza una ruptura. Fracasada la estrategia del apaciguamiento, la mayúscula torpeza del Gobierno –rectificada el viernes– al aceptar una figura arbitral por encima de las instituciones para favorecer un diálogo con los partidos independentistas sobre no se sabe qué, ha rebelado incluso a barones del PSOE. Y ha sido la excusa esgrimida por el centro-derecha para, en una discutible interpretación de las funciones constitucionales de los partidos, agitar en la plaza pública el malestar ciudadano con el 'procés' y con la gestión que de él ha realizado el Ejecutivo. Sánchez no puede ignorar que ese factor está detrás de la reciente debacle socialista en Andalucía y del auge conservador dibujado en las encuestas. Llega la hora de la verdad. Una semana que se antoja decisiva para el futuro de la legislatura. En ella coinciden el arranque del juicio en el Tribunal Supremo a los principales líderes del independentismo por graves delitos y la votación en la que los secesionistas amenazan con tumbar los Presupuestos del Estado en el Congreso. Si así lo hicieran, al presidente no le quedará más opción que adelantar las elecciones generales. Esa es la salida más lógica incluso si los soberanistas se plegaran a aprobar las Cuentas y a alargar unos meses su mandato, condenado a la esterilidad por su agónica debilidad parlamentaria en una legislatura que no da más de sí. En todo caso, cuando el país asiste a un incendio político como el actual, las sobreactuaciones y el tremendismo están de más. Aunque la confrontación encarnizada pueda ofrecer réditos a corto plazo, los partidos democráticos están obligados a primar el sentido de la responsabilidad en sus actuaciones y a preservar la convivencia.