La inesperada victoria del presidente que ya no tenía nada que perder

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido./EFE
El presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido. / EFE

Ángel Garrido, que no repetirá mandato en la Comunidad de Madrid por decisión personal de Pablo Casado, ha desactivado la huelga del taxi en la capital sin hacer ninguna concesión

Miguel Ángel Alfonso
MIGUEL ÁNGEL ALFONSOMadrid

En política, las batallas se suelen ganar cediendo terreno para conseguir los apoyos del rival, pero Ángel Garrido, presidente de la Comunidad de Madrid desde la dimisión de Cristina Cifuentes hasta el próximo 26 de mayo, ya tenía la guerra perdida de antemano. El líder del Partido Popular, Pablo Casado, le había dejado de lado designando como candidata al gobierno de la región a Isabel Díaz Ayuso. Una decisión personal que, excepto en contadas ocasiones, nunca es del gusto del perjudicado. Por eso, cuando los taxistas decidieron iniciar una huelga el pasado 21 de enero, Garrido -que todavía se estaba lamiendo las heridas- no tenía nada que perder en el conflicto.

La estrategia resultó ser efectiva; este miércoles, después de 16 días de protestas, los taxistas volvieron a su faena en las calles a las 6 de la mañana. El 54,1% de los votos de los trabajadores del sector apoyaron la desconvocatoria después de no haber arrancado ni una sola cesión por parte del gobierno regional.

En todo caso, lo único que ha cambiado está contenido en el anuncio hecho este miércoles por el propio Garrido sobre un futuro reglamento para el sector con el fin de «liberalizar algo más» esta actividad, como que se puedan fijar precios de antemano o que los clientes puedan compartir vehículo; en definitiva, en vez de la desaparición de Uber y Cabify, la aproximación del taxi a su modelo de negocio. Por contra, se calcula que cada día de paro ha supuesto pérdidas de entre 1.500 y 3.000 euros por taxista sin contar la merma del apoyo de gran parte de la ciudadanía por los hechos violentos que empañaron la protesta.

Ángel Garrido durante la negociación con los representantes del Taxi (arriba); cientos de taxistas se congregaron en IFEMA durante la inauguración de FITUR (izq.); concentración frente a la sede de la Comunidad de Madrid en la Puerta del Sol. / AGENCIAS

Este desenlace es más sorprendente si se contrasta con el resultado de las protestas en otras ciudades como Barcelona. La Generalitat decidió regular el sector e imponer un tiempo de 15 minutos de antelación para reservar un vehículo VTC, entre otras medidas. Algo que sirvió para calmar a los taxistas pero provocó que las operadoras Uber y Cabify decidieran abandonar la capital catalana, lo que supuso el despido de más de 3.000 personas. Además, la futura legislación en comunidades como Andalucía, Valencia o Baleares -en la que aún no ha desembarcado este tipo de transporte, pero ya se están preparando- van por el mismo camino que el marcado en Cataluña.

Garrido, por su parte, considera que el «gran error» de los taxistas ha sido «pretender la desaparición del contrario» en vez de mejorar sus condiciones, además del «comportamiento en la huelga, que ha provocado incidentes graves», y que les ha llevado a «perder la batalla con la ciudadanía». La misma contienda de la que él ha salido reforzado pese a que no tenía nada que perder.

Perfil bajo y fama de leal

De perfil político bajo y con fama de persona leal dentro de su partido y por parte de sus rivales, la forma de hacer política de Ángel Garrido podría resumirse en las primeras declaraciones que hizo a un corrillo de periodistas cuando se alzó como presidente interino de Madrid: «Yo en la vida he hecho siempre lo que me tocaba. Y ahora haré lo que me pidan».

Al heredero de Cifuentes -fue su número 2 en la candidatura a las elecciones de 2015- no le tembló el pulso cuando tuvo que desalojar a los cientos de taxistas que ocupaban la Gran Vía, uno a uno, con el uso de grúas municipales. Tampoco cuando los Reyes tuvieron que acceder por una puerta lateral a FITUR, una de las feria de turismo más importantes del mundo, porque los taxistas bloquearon el acceso al recito de IFEMA. Nada amedrentó a un presidente que ha necesitado un aumento en el número de efectivos de su seguridad personal debido a las amenazas recibidas.

De momento, esta guerra solo ha terminado para Garrido. Si el PP consigue la presidencia de la Comunidad de Madrid en las elecciones del próximo 26 de mayo -las encuestan pronostican que para ello hará falta el apoyo de Ciudadanos y Vox- el nuevo gobierno de Díaz Ayuso se encontrará con la patata caliente del conflicto del taxi, que aún no ha sido cerrado.

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