Elecciones para pasar página

Sánchez está obligado a disolver de inmediato el Parlamento, y los partidos, a atenuar una polarización extrema para tejer acuerdos

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El Norte
EL NORTEValladolid

El Congreso de los Diputados rechazó ayer la tramitación del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para este año, lo que confirma que el Gobierno socialista no cuenta con la mayoría necesaria para seguir guiando los destinos del país. La eventualidad de que, pese a ello, Pedro Sánchez prolongue su mandato y trate de rehacerse de ese revés mediante decretos-leyes que remeden la 'agenda del cambio' prometida sobre la prórroga de las últimas Cuentas de Rajoy sería pura obcecación. Porque a la pérdida del apoyo del independentismo catalán se le unió ayer la lógica distancia que sus otros aliados se ven obligados a tomar ante semejante hipótesis, cuando entre los propios socialistas bullía el escepticismo sobre la suerte de la propuesta y de la legislatura. A la frustración que sienten los integrantes de Podemos, que llegaron a quejarse de que su defensa de los Presupuestos era más consecuente que la realizada por el propio Ejecutivo, se le suma la decepción que el PNV no puede disimular respecto al radicalismo del secesionismo catalán. Las voces más entusiastas con la ejecutoria de Sánchez ya habían adelantado la conclusión de que el presidente saldría ganando en cualquiera de los casos. Si lograba el apoyo de las formaciones independentistas en el último momento, porque daría cauce a sus Cuentas hasta poder agotar la legislatura. Si no lo conseguía, porque habría demostrado su entereza ante las exigencias del soberanismo de Quim Torra y sus socios en la Generalitat. Un cálculo meramente tacticista que se desvaneció con la votación de ayer. Porque, en el ámbito político, los esfuerzos del Gobierno por granjearse el favor de ERC y PDeCAT se han basado notoriamente en la presunción de que el independentismo confiaría en logros posteriores a la tramitación presupuestaria. Y en cuanto a la percepción social, porque constituye una auténtica osadía esperar que esa doble jugada acabe favoreciendo a las aspiraciones electorales del socialismo de Sánchez. Donde sus más incondicionales pueden contemplar las virtudes de un líder avezado, buena parte de la opinión pública verá una autoconfianza desmedida e insolvente. Al presidente no le queda más remedio que convocar a las urnas porque no cuenta con argumento alguno para alegar que la continuidad de su mandato responde al interés común de los españoles, cuando ni siquiera está en condiciones de asegurar la tramitación de una sola de las iniciativas sociales que albergaba junto a los Presupuestos

PROPUESTAS EN POSITIVO. La práctica constatación de que su mandato está acabado obliga, además, a Sánchez a señalar cuanto antes la fecha de convocatoria de las próximas elecciones generales, a sabiendas de que la opinión pública interpretará su decisión como la más conveniente para los intereses del PSOE y para los suyos propios. Pero del mismo modo que el presidente y su partido tendrán dificultades para obtener réditos electorales por haberse visto impedidos a llevar adelante su 'agenda del cambio' –toda vez que accedieron al Gobierno mediante una moción de censura contra la corrupción del PP–, tanto el Partido Popular como Ciudadanos deberán dejar atrás su insistencia en la convocatoria de unos nuevos comicios para avanzar propuestas propias en positivo. La política española se encuentra demasiado lastrada por los agravios y las cuitas del pasado próximo como para ser acreedora a una mayor atención social. El final de la legislatura será esperanzador siempre y cuando sirva para atenuar la polarización y la incompatibilidad extrema entre los ya muchos actores de la escena parlamentaria.