Editorial: Rebajar la tensión

Es urgente acabar con la escalada verbal provocada por el desafío independentista y agudizada con la aparición del relator y de la movilización del centro-derecha

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, entra en el hemiciclo del Parlament, que celebra la segunda jornada de su sesión plenaria, tras la polémica en torno a la figura de un «relator». /Q. G. / EFE
El presidente de la Generalitat, Quim Torra, entra en el hemiciclo del Parlament, que celebra la segunda jornada de su sesión plenaria, tras la polémica en torno a la figura de un «relator». / Q. G. / EFE
El Norte
EL NORTEValladolid

La crisis catalana ha quebrado estos días la política española como nunca antes lo había hecho desde que el independentismo gobernante comenzara a inclinarse hacia el unilateralismo y la ruptura. Ni siquiera el apoyo prestado por los grupos secesionistas a Pedro Sánchez en su moción de censura contra Rajoy dio lugar a la escalada verbal generada con la aparición en escena de la figura del relator.

Tres circunstancias explican la actual tensión. En origen, un independentismo cuyos sectores pugnan entre sí para ver quién cuestiona más abiertamente el Estado constitucional y autonómico. En segundo lugar, el trabajoso mantenimiento de la suma parlamentaria que permitió a Sánchez acceder a la Moncloa contra la corrupción del PP para convertirla en mayoría estable, integrando a un secesionismo que evite incurrir en la ilegalidad flagrante, pero sin que renuncie ni a la unilateralidad ni a la ruptura. En tercer lugar, el nervioso reajuste que está experimentando el centro-derecha por el auge de Vox, lo que ha dado lugar a su particular liza partidaria, compensada con gestos unitarios como la concentración del domingo en Madrid.

El resultado es que las declaraciones de compromiso con la Constitución no sirven para salir al paso de la deriva independentista cuando esta acaba fracturando el constitucionalismo que se decidió a secundar unido la aplicación del 155 en Cataluña. La severa crítica que el PP de Pablo Casado ha deslizado hacia la gestión de Rajoy antes y después de octubre de 2017 da la medida del cambio de situación, frente a un independentismo en cuyo seno nadie se atreve a rebajar la escalada de despropósitos y todos ellos se sacuden responsabilidades señalando a la concentración de la plaza de Colón. Una cita con la que Ciudadanos se precipitó, porque toda concentración –aunque sea por la unidad y unas elecciones inmediatas– obliga a movilizar a base de epítetos –esta vez contra Sánchez y su Gobierno– que luego son muy difíciles de disipar.

Es urgente que se ponga fin a la escalada verbal. Entre otras razones, porque los descalificativos que ayer se empleaban contra todo independentista se han vuelto hoy contra el socialismo de Sánchez y mañana podrían acabar siendo utilizados en la pugna entre quienes convocan la manifestación del domingo. Lo verdaderamente preocupante es que, aunque el presidente Sánchez lo pasara por alto ayer ante el Consejo de Europa, nuestro Estado de Derecho ha de demostrar que la Justicia no se ceba con el independentismo en tanto opción política, ni se ve coartada por la negociación que el Gobierno mantiene con la Generalitat para aprobar sus Presupuestos.