Editorial: Pluripartidismo y gobernabilidad

Las formaciones deben realizar un esfuerzo de diálogo para garantizar la estabilidad

El presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, abandona el Congreso. /EFE
El presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, abandona el Congreso. / EFE
El Norte
EL NORTEValladolid

Ciudadanos, UPyD y Podemos irrumpieron tímidamente en las elecciones europeas de 2014 como síntoma de que la grave crisis había herido de muerte al bipartidismo imperfecto que funcionó razonablemente bien en las tres décadas anteriores, dando lugar a la alternancia de gobiernos monocolores que a veces necesitaron apoyos de los nacionalismos periféricos. En las siguientes elecciones generales de 2015 y 2016, ya se formó un sistema de cuatro grandes partidos estatales -Ciudadanos y Podemos completaron el binomio PP-PSOE-, a los que se sumaron los nacionalismos catalán y vasco, en tanto IU fue en solitario con poco éxito en las de 2015 y ya en coalición con Podemos en 2016. Y, finalmente, en las elecciones andaluzas de diciembre ha surgido Vox, con un 11% de los votos, con lo que ya son cinco las organizaciones extendidas a todo el Estado. Vox es una organización de extrema derecha con tintes xenófobos que se opone a las políticas de género y a la ley de memoria histórica, afín a la fuerza francesa Ressemblement National (el antiguo Frente Nacional de Le Pen) o a la alemana AfD, partidos que en estos países están aislados mediante cordones sanitarios. Aquí, sin embargo, el PP y Cs aceptaron los votos de Vox para formar en Andalucía un gobierno PP-Cs, no sin alguna protesta interna en el PP y en Cs por tal alianza. La experiencia andaluza ha impulsado la existencia formal de un bloque PP-Cs-Vox que el pasado día 10 se manifestó contra el Gobierno en petición de elecciones y en protesta por una supuesta complicidad entre el Ejecutivo y el soberanismo catalán, lo que, en la práctica, supone el comienzo de una larga precampaña electoral hacia el 28 de abril en la que se perfilan dos bloques en sustitución del agotado bipartidismo: frente a la unión de las tres fuerzas conservadoras, PSOE y Unidos Podemos están condenados a entenderse. Y gobernará quien reúna más apoyos, sin olvidar la influencia quizá decisiva de las minorías. Tras las elecciones de 2015 no fue posible formar gobierno y luego de las de 2016 se consiguió un gobierno precario tras una crisis en el PSOE, gobierno que acabó derribado por una moción de censura. Sean cuales sean los resultados de abril, los partidos tienen la obligación de realizar un gran esfuerzo de diálogo y acuerdo para que la estabilidad parlamentaria del nuevo gobierno sea otra vez la norma y no la excepción en este país.

Una justicia garantista

Nuestro ordenamiento es altamente garantista porque así lo establece la Constitución. Esto, unido a la existencia de la acción popular, facilita la ecuanimidad de las decisiones judiciales, a las que corresponde asegurar el derecho de defensa que también consagra la Carta Magna. Quizá por ello, España figura entre los países con menos reclamaciones y condenas en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en el periodo 2013-2017, durante el cual se encuentra entre los Estados con la ratio más baja de condenas en relación con su población, similar a la de Alemania, Holanda, Irlanda o el Reino Unido e inferior a la de Austria, Bélgica, Italia, Portugal o Suiza. La comunidad internacional escruta con interés la vista pública del 'procés' y es lógico que el Tribunal se esmere en lograr la máxima transparencia, pero no tendría sentido acomplejamiento alguno: nuestra Justicia está a un alto nivel en la UE y los españoles aceptamos gustosos la jurisdicción del Tribunal de Estrasburgo al firmar los tratados. Nada hay que ocultar y nada hay, por tanto, que temer.