Editorial: Gobierno a la deriva

Tras rectificar con las 400 bombas para Arabia Saudí, Sánchez debe aclarar si tiene algún plan que se oriente a un horizonte de menos armas

La ministra de Defensa, Margarita Robles, comparece en la Comisión de Defensa del Senado para explicar las líneas generales de la política de su departamento./EFE/Kiko Huesca
La ministra de Defensa, Margarita Robles, comparece en la Comisión de Defensa del Senado para explicar las líneas generales de la política de su departamento. / EFE/Kiko Huesca
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El Gobierno ha optado por cumplimentar la provisión de 400 bombas de precisión acordada con Arabia Saudí en 2015, cuyo coste de 9,2 millones de euros ya había sido abonado por Riad. Los propósitos de la ministra de Defensa, Margarita Robles, de dejar en suspenso el contrato se han quedado en nada ante dos argumentos insalvables para el Ejecutivo socialista: que Arabia Saudí considera las relaciones comerciales «como un todo», en palabras del titular de Exteriores, Josep Borrell, y que esa medida podría poner en riesgo la construcción de cinco corbetas encargadas a Navantia por valor de 1.800 millones. Esta enésima rectificación de las pulsiones que parecían sostener al Ejecutivo socialista, con la Moncloa corrigiendo a cada paso los anuncios de sus ministros, advierte de las dificultades que encuentra para conciliar sus deseos con la tozuda realidad de imponderables que tienen que ver, también, con su sorpresiva llegada al poder. En sus primeros 100 días en el Gobierno, Pedro Sánchez se ha acostumbrado a ahorrarse explicaciones cada vez que ha enmendado a integrantes del Consejo de Ministros. Como si correspondiera a los ciudadanos hacerse cargo de la rectitud de su proceder a partir de la información circulante. Pero es hora de que el Gobierno y el presidente se responsabilicen de argumentar sus cambios de criterio, admitiendo en su caso que no tenían ninguno formado. Es hora de que expliquen sin elusiones por qué han puesto en manos de Arabia Saudí las 400 bombas. Si es debido a un acuerdo comercial heredado, por asegurar carga de trabajo a los astilleros Navantia en Cádiz, por preservar las relaciones comerciales con Riad o por todas esas causas y en qué medida. Son decisiones que requieren pronunciamientos oficiales y no declaraciones que sugieran un relevo entre ministerios a la hora de dar cuenta de la posición del Gobierno. Poco importa si Margarita Robles se ha sentido más o menos desautorizada al frente de un departamento por cuyas atribuciones peleó hasta el último momento. Lo que importa es la respuesta que el Ejecutivo, y en esa medida España, da a la demanda de armamento en un mundo ensangrentado por conflictos bélicos. Importa si, salvado el entuerto de las 400 bombas por Navantia, el Gobierno de Sánchez tiene algún plan para orientar su política industrial y su diplomacia económica hacia un horizonte con menos armas cada día. Porque resulta descorazonador ver al ministro Borrell defender la operación con Arabia Saudí con el argumento de la inteligencia que portan las bombas y que les asegura una alta precisión.

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