Editorial: Cerrar una etapa

La sucesión a Rajoy ha podido descapitalizar al PP, orillando a unos dirigentes y conminando a otros a apartarse del camino emprendido por Casado

Editorial: Cerrar una etapa
TAREK / EFE
El Norte
EL NORTEValladolid

Las dificultades que parecen encontrar Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal para resituarse en la actividad pública tras la llegada de Pablo Casado a la presidencia del PP describen una situación que acompaña siempre al compromiso político: el drástico paso del todo al nada, en cuanto a la decisión de los dirigentes que se ven depurados y en lo referido a las limitadas oportunidades que brindan las estructuras partidarias.

El poder político se erige como una realidad sin medias tintas ni concesiones. Resulta más fácil que operen las puertas giratorias, ofreciendo a la persona defenestrada políticamente opciones de oro en el sector privado, que las salidas para una recolocación digna en el ámbito público. Aunque sea un sinsentido que la persona cotizada al alza en el mercado de los fichajes se vea conminada a abandonar la esfera pública.

Tampoco es casual que quien se sostuvo al frente del PP gracias a Santamaría y a Cospedal –y gracias a la pugna que mantenían entre ellas–, se retirara 'visto y no visto' de la primera línea política, para instalarse en Madrid vía Santa Pola como registrador. Hay una vertiente saludable en la renuncia a la carrera política por parte de aquellos que en un momento determinado han perdido el favor de los electores o de los afiliados de su partido. Pero la renovación cíclica de la dirigencia política va acompañada demasiado a menudo de una devaluación en cuanto a su cualificación y solvencia.

En tanto que la liza electoral o interna confiere éxitos y derrotas sin remisión, la política corre siempre el riesgo de descapitalizarse. Se trata de una actividad sometida a tan severo escrutinio, que está sujeta a reveses muy difíciles de sortear por parte de sus protagonistas. Aunque, por eso mismo, quienes se comprometen en el ejercicio de la representación política –partidaria o institucional– debieran atenerse a las incertidumbres que rodean su aventura. Santamaría y Cospedal relevaron a anteriores dirigentes del PP, de modo que los integrantes del equipo de Pablo Casado han de tener en cuenta que serán sustituidos por otras personas sin más contemplaciones que las mostradas por ellos hacia sus predecesores.

Aspiraron al máximo de poder, hasta que todo él se les vino abajo. No se trata únicamente de un drama personal más o menos acusado, proclive al morbo. Afecta al propio sistema de partidos, y revela una visión recelosa y hasta sectaria del ejercicio de la política que llega a contradecirse con el ideal democrático del 'gobierno de los mejores', cuando estos no se atienen a un concurso de méritos.

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