La despedida de Cospedal en Castilla-La Mancha certifica el fin del ciclo Rajoy

María Dolores de Cospedal./Kiko Huesca (Efe)
María Dolores de Cospedal. / Kiko Huesca (Efe)

El nuevo PP completará en los próximos meses su cartel electoral con la duda del papel de la exsecretaria general y Sáenz de Santamaría

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

El ciclo de Mariano Rajoy se extingue. Y sólo queda por resolver el futuro de quienes fueron los dos puntales del proyecto del expresidente. El papel de Soraya Sáenz de Santamaría, dentro o fuera del nuevo PP, está pendiente de una conversación con Pablo Casado. En cuanto a María Dolores de Cospedal, hoy entregó el último cargo que conservaba de la época anterior, la presidencia del partido en Castilla-La Mancha. «Tarde o temprano -asumió ante su junta directiva-, llega un momento en toda organización en que se hace necesario otro liderazgo».

Quizá la de hoy sí fue la más nostálgica, pero no la única despedida que ha tenido que afrontar en los últimos meses. La moción de censura acabó con su estancia en el Ministerio de Defensa y, un mes después, la renovación del PP puso fin a su etapa al frente de la secretaría general del partido. Ya no queda rastro del cúmulo de responsabilidades que hace año y medio, en el 18 congreso nacional de los populares, protagonizó un encendido debate sobre lo apropiado o no de la concentración de cargos en una sola persona. Entonces, obtuvo el respaldo público de Rajoy. Hoy, la página que se escribe es otra.

En este nuevo capítulo Cospedal tendrá el privilegio de poder elegir su destino. Quiso tomar el relevo del expresidente en el PP, pero, tras perder la votación de la militancia, su apuesta por Casado en la segunda fase de las primarias fue un elemento decisivo para la victoria del actual líder del partido y la derrota de Sáenz de Santamaría, con quien siempre mantuvo fricciones y diferencias. Y esa maniobra no sólo ha facilitado que su equipo haya podido recolocarse en puestos de peso en la nueva dirección. También le ha proporcionado ahora la posibilidad de decidir. «Será lo que quiera ser», reconocen fuentes de la cúpula conservadora. Y eso incluye la opción de encabezar la lista a las elecciones europeas. U optar por una salida en el corto o medio plazo de la política.

Mientras tanto, su relevo en Castilla-la Mancha está en el aire. Esta es sólo una de las vacantes a cubrir en los próximos meses. La dirección de Casado trabaja con la idea de que entre octubre y noviembre todos los cabezas de listas -también para los comicios municipales- sean ratificados. Llegar, en definitiva, a la convención programática de diciembre con el cartel del nuevo PP listo para la batalla.

Soltar amarras

Ahí se plantea la duda de si en las planchas electorales hay un puesto relevante para Sáenz de Santamaría. Apegada durante este tiempo al legado de Rajoy, y habiendo tomado otro rumbo el partido, fuentes populares cuestionan que vaya a querer continuar. Aunque en la dirección no han cerrado ninguna puerta, no hay pistas que hagan pensar a los conservadores que la exvicepresidenta vaya a poder aspirar a una candidatura como, por ejemplo, la del Ayuntamiento de Madrid, si es lo que quisiera.

Fuentes del grupo popular en el Congreso creen que las tensiones con Sáenz de Santamaría no tienen nada que ver con una resistencia del equipo de Casado a «integrar». Pero lo que sí ha quedado claro es que este es un nuevo PP. Uno que rompe amarras más rápido de lo que fue capaz o quiso hacerlo Rajoy, a quien le llevó una legislatura dejar atrás la impronta de José María Aznar.

En esta etapa han perdido peso figuras como Fernando Martínez-Maillo, que actuó como mano derecha del expresidente en el día a día del partido, o Javier Arenas, a quien durante mucho tiempo se le atribuía línea directa con Rajoy. Esta semana, además, se ha sabido que Casado prescindirá de los servicios de Pedro Arriola, el sociólogo de cabecera de Aznar y de su sucesor. Sólo queda por despejar qué será de quien fue 'vicetodo' del Gobierno.

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