Vox, causas y efectos

El auge del partido de extrema derecha pone en aprietos, aunque por razones distintas, a las cuatro grandes formaciones políticas

Manifestación en Granada como protesta tras los resultados de las elecciones andaluzas./Miguel Angel Molina-Efe
Manifestación en Granada como protesta tras los resultados de las elecciones andaluzas. / Miguel Angel Molina-Efe
El Norte
EL NORTEValladolid

La entrada de Vox en el Parlamento andaluz con 12 escaños y casi 400.000 votos aparece como el preludio de su extensión por los ayuntamientos, legislativos autonómicos, las Cortes Generales y el Parlamento europeo en el plazo de unos meses. Se trata de un fenómeno de aluvión al que ha contribuido la perpetuación de la crisis catalana, que bebe de la reacción social frente a la migración, que hace aflorar la nostalgia hacia la España preconstitucional, que se hace eco de la incomprensión hacia la igualación positiva entre géneros y que se ha beneficiado de la abstención y del voto nulo. Vox no es una gestación artificiosa, sino fruto de impulsos ciudadanos que ponen a prueba la racionalidad democrática y sus valores. Es probable que sus votantes se hayan fijado más en la distancia a la que el partido de Santiago Abascal se ha situado frente a la política convencional, testimoniando una disconformidad a bulto, que en el programa de cambios que propugna. Pero ese programa resulta suficientemente preciso para concluir que pretende dar un vuelco esencialista, centralista, nativista y patriarcal al país construido durante los últimos 40 años de libertad. La presencia de Vox acaba definitivamente con la perspectiva pendular de la alternancia entre un partido del centro-derecha y otro del centro-izquierda en la gobernación de las instituciones. Aunque aquellos que, como Ciudadanos y Podemos, anunciaron el final de la divisoria izquierda-derecha se hayan ido aferrando a ella como tabla de salvación. La pregunta sobre hasta qué punto han contribuido al ascenso de Vox los excesos verbales del PP y de Ciudadanos y las omisiones conniventes del PSOE y de Unidos Podemos da lugar a respuestas opinables. No es fácil identificar mensajes partidarios que hayan facilitado de manera inequívoca, a la contra o a favor, la emergencia de Vox. La presunción de que las derechas tradicionales europeas han favorecido el ascenso de la extrema derecha por inacción o por emulación requeriría una reflexión menos ventajista. Del mismo modo que la requeriría la hipótesis de la crisis o ineptitud de la socialdemocracia como terreno propicio a la derechización sin freno del comportamiento electoral. Lo que está más claro es que Vox pone en serios aprietos a las cuatro formaciones precedentes. Al PP y a Ciudadanos, porque deberán cuidarse muy mucho de modificar sus respectivos proyectos con concesiones a esta quinta opción que desvirtúen su propio proyecto. Al PSOE y a Unidos Podemos, porque corren el riesgo de encelarse en la batalla contra Vox como rasgo obsesivo de su identidad.

 

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