Un cambio a prueba

Andalucía experimenta una alianza de incierto futuro, con dos pactos superpuestos o paralelos entre PP, Cs y Vox

Un cambio a prueba
El Norte
EL NORTEValladolid

PP y Ciudadanos rubricaron ayer el acuerdo con el que aspiran a compartir el gobierno de la Junta de Andalucía, a la espera de encajar el apoyo de Vox en la operación. Las negociaciones han evidenciado hasta qué punto el futuro inmediato de la política española se juega en torno a la gobernabilidad de la autonomía andaluza. La imagen de las directivas nacionales de los partidos concernidos estableciendo las bases del pacto que acabe con casi cuarenta años de hegemonía socialista en Andalucía refleja la paradoja de un país sometido, a la vez, a la tensión territorial secesionista y a la fuerza centrípeta de un pasado que se reclama porvenir. La otra vertiente de la paradoja andaluza se encuentra en las vicisitudes del PP para contemporizar con la emergencia de Vox, cuando teme su ascenso como emanación de la propia trayectoria popular; y en el ejercicio de evasión que realiza Ciudadanos al desentenderse del imprescindible concurso del partido de Santiago Abascal para asegurar su presencia en un nuevo gobierno al frente de la Junta. La propia secuencia de ayer, con el PP formalizando el acuerdo de gobierno con Ciudadanos, mientras mantenía una suerte de conciliábulo permanente con Vox, hasta alcanzar un compromiso de dudoso alcance institucional entre ambas formaciones, revela la naturaleza de la legislatura por la que se adentrarían Juan Manuel Moreno de presidente y Juan Marín de vicepresidente. Porque al 'gobierno del cambio' no le bastará con salvar el trámite de investidura del nuevo presidente. Deberá afrontar una legislatura sometida a la precariedad aritmética del pacto de coalición PP-Ciudadanos en el parlamento andaluz. Cuando, además, los beneficios partidarios de esa entente estarán sujetos a la evaluación general que supondrán los comicios locales, autonómicos y europeos del próximo 26 de mayo; y al balance particular que ofrezca la liza entre el PP y Vox. Andalucía se ve abocada a convertirse, durante los próximos cuatro meses, en el banco de pruebas de una alianza de incierto futuro, con dos pactos superpuestos o paralelos. Las manifestaciones inmediatamente posteriores al escrutinio del 2 de diciembre, anunciando un cambio que, comenzando en Andalucía, podría extenderse al resto de España comienzan a atemperarse cuando se formaliza el acuerdo para la investidura de Moreno Bonilla. La cuestión a examen es si el nuevo gobierno será capaz de mejorar la administración de la autonomía andaluza en clave de regeneración pluralista, o si el cambio prometido mostrará un sesgo regresivo a causa de la omnipresencia de Vox.