Sánchez descarta volver a negociar un Gobierno de coalición con Podemos

El PSOE vuelve a la idea de un acuerdo mínimo con Iglesias y blande retos como la sentencia del 'procés' para exigir la abstención del PP y Cs

PAULA DE LAS HERASMadrid

El Gobierno de coalición con Podemos ha dejado de ser una opción para el PSOE. Al menos eso eso aseguran los socialistas ahora, cuando el fracaso de las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez está aún muy reciente. Algunos matizan que habrá que darse un tiempo para enfriar los ánimos, pero ni el jefe del Ejecutivo en funciones ni la vicepresidenta, Carmen Calvo, admitieron paños calientes. El primero ya dijo el mismo jueves por la noche que toca «volver al punto de arranque y explorar nuevos caminos». Su número dos terminó de apuntalar esa idea de manera rotunda en la comparecencia posterior al Consejo de Ministros.

No lo dijo una sino numerosas veces con distintas palabras a lo largo de la hora corta que respondió a los medios. «No hay vía en esa dirección»; «al Gobierno de coalición le ha cerrado las puertas Unidas Podemos y no hay más»; «esa vía ha sido explorada y no ha funcionado, toca explorar otras» o «ese espacio está concluido, lo concluyó el señor Iglesias ayer». Calvo cargó toda la responsabilidad de lo ocurrido sobre el líder de la izquierda radical y dio muestras de que la enorme desconfianza que ya le profesaban en el PSOE no ha hecho sino aumentar.

Los socialistas vivieron como una ofensa que no perdonarán fácilmente el que Podemos insinuara, durante estos meses de tira y afloja, que solo ellos representan a la verdadera izquierda y que su presencia en el Consejo de Ministros era necesaria para «vigilarlos» muy de cerca. «¡A nosotros –replicó airada–, que tenemos todavía en nuestras filas a hijos y nietos de nuestros líderes en el exilio y a compañeros enterrados en la cuneta por defender la democracia!». La herida es, pues, profunda, pero eso no significa que Sánchez no quiera llegar a algún tipo de acuerdo de colaboración.

El plan del secretario general del PSOE ahora es volver a intentar la que siempre fue su opción preferida: el Gobierno de su partido en solitario, con independientes de reconocido prestigio. Sin embargo, todavía persigue el apoyo externo de Podemos para desarrollar una agenda social; la que expuso de manera minuciosa en su discurso de investidura el pasado lunes.

Calvo defendió que ese apoyo puede tener como base un pacto programático «de máximos, de mínimos o de legislatura», pero insistió en que en ningún caso se plasmará ya en un Ejecutivo de coalición. Ni siquiera en uno de «cooperación» como el que Sánchez llegó a poner sobre la mesa el pasado junio, con miembros de Podemos incorporados a segundos niveles de la Administración.

Está por ver si los dos meses que ahora quedan por delante antes de que no quede más remedio que disolver las Cortes sirven para cauterizar la herida o si el vértigo de una repetición electoral no obliga a los socialistas a moverse de nuevo de sus posiciones. En el PSOE no faltan las voces que advierten de que volver a las urnas debe ser «la última opción». Sin embargo, son muchos los que creen –después de haberle oído en las reuniones de la ejecutiva estas últimas semanas– que Sánchez no teme en absoluto los comicios. Además, el último movimiento de IU hace pensar en Ferraz que la presión interna para que el líder de Podemos corrija su estrategia se intensificará. 

Pulso con consecuencias

Fuentes cercanas al presidente aseguran que desde el primer momento entendió que Iglesias le estaba echando «un pulso» y que prometió ganárselo. A pesar de todo, tras conseguir que se hiciera a un lado, el socialista acabó claudicando a la idea de un Gobierno de coalición. Si Irene Montero no ha sido vicepresidenta social, ni otros compañeros suyos ministros de Vivienda y Economía Social; Sanidad, Asuntos Sociales y Consumo o Igualdad, fue porque les pareció poco. Y en el PSOE sostiene que ese desplante tendrá un precio. «Ha cometido un profundo error y creo que empieza a ser bastante consciente», llego a decir Sánchez el jueves en Telecinco.

Calvo aseguró que, salvo durante una semana, la del puente del 15 de agosto, nadie en el Gobierno se tomará vacaciones y que Sánchez volverá a reunirse con los líderes de las otras tres principales formaciones nacionales, o sea, no sólo Podemos sino también el PP y Ciudadanos para apelar a su responsabilidad, es decir, para exigirles que al menos no obstaculicen la formación de Gobierno y se abstengan.

Ni la vicepresidenta ni Sánchez se mostraron abiertos a negociar nada a cambio con los partidos de la derecha. Simplemente apelaron al sentido de Estado y a la necesidad de que haya un Ejecutivo ya con plenas competencias a la vuelta del verano para hacer frente a retos como el más que posible 'brexit' duro o las consecuencias de la sentencia del Supremo en el juicio del 'procés'. «Todo el mundo –alegó Calvo– tiene que ponerse a trabajar ya».

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