Los menores prostituidos en Vitoria ejercían de 'camellos' para sus clientes

Una joven pasa junto al centro educativo foral Sansoheta, a las afueras de la capital alavesa./
Una joven pasa junto al centro educativo foral Sansoheta, a las afueras de la capital alavesa.

La Ertzaintza busca a un joven en paradero desconocido y que podría haber inducido a sus compañeros a cobrar por sexo

DAVID GONZÁLEZ vitoria

La investigación sobre la red de prostitución de menores que se encontraban tutelados por la Diputación de Álava revela cada vez aspectos más sórdidos en torno a la trama puesta en marcha en la capital alavesa. Según ha podido saber EL CORREO, algunos de los clientes de los jóvenes -entre los que hay personas dedicadas a profesiones liberales- han reconocido que no sólo pagaban por los favores sexuales, sino que también les daban dinero para que comprasen cocaína y consumirla juntos.

Estas personas han relatado que en todo momento creyeron que estaban en compañía de mayores de edad -en realidad tenían entre 14 y 17 años- y que para nada intuían que estaban acostándose con adolescentes. Las pesquisas también están sacando a la luz la organización de esta red, que utilizaba dos céntricos pisos de Vitoria y buscaba clientes, principalmente, a través de dos páginas web de contactos. Y todo esto sucedía mientras los menores se encontraban bajo la tutela del Instituto Foral de Bienestar Social, que les había acogido por proceder de familias desestructuradas o actuar de forma conflictiva. Fueron los técnicos de esta institución quienes detectaron el comportamiento delictivo.

Un monitor apartado tras la revelación de un interno

La decisión de uno de los menores de trasladar "sus vivencias" a los profesionales que tienen "como referencia" en Sansoheta fue la que movilizó al centro asistencial y a la propia Diputación para denunciar lo sucedido. En su primer relato, los adolescentes "no identificaban a ninguna de las personas" -en clara alusión a los adultos participantes en la presunta trama-, pero todo cambió al abrirse la investigación.

Beatriz Artolazabal, diputada alavesa de Servicios Sociales, no había hecho mención alguna en su declaración "institucional" de ayer a la posibilidad de que personal adscrito al servicio pudiera estar implicado en el caso. Fue en el turno de preguntas cuando admitió que un monitor había sido señalado por uno de los menores. "Dentro de lo que es el trabajo de investigación, puso de manifiesto que alguno de los trabajadores del centro podrían estar vinculados".

La diputada se apresuró a matizar que desconocía el alcance y el grado de implicación de este monitor de Sansoheta. "No se sabe porque no hay una acusación firme, eso está dentro del sumario. Lo que nosotros hacemos es que, desde el mismo momento en que tenemos la sospecha de que uno de los trabajadores podría estar implicado, se le apartó del servicio y, desde luego, desde ese momento no trabaja para ningún recurso de la Diputación de Álava".

Este empleado, agregó, presentó en su momento la acreditación de antecedentes penales, tal y como se exige desde 2015, "porque si no no habría podido trabajar con nosotros". Distinto es el caso del psicólogo, que permanece en prisión por los hechos y que "no es trabajador del instituto foral ni nunca ha tenido relación con los cinco menores mientras han estado bajo la protección de la Diputación de Álava". Sí reconoció, no obstante, que existió una relación profesional con la institución foral a principios de este mismo año: "Trabajó en valoraciones de adopción", señaló Artolazabal.

Tal y como adelantó este periódico ayer en exclusiva, la existencia de esta trama se desveló el pasado 6 de octubre, después de que uno de los directores del centro de menores Sansoheta -una institución foral para jóvenes problemáticos- escuchase a los adolescentes hablar de su relación con una red de prostitución durante una de las tutorías. El educador comunicó los hechos a los responsables del Instituto Foral de Bienestar Social, así como a la Ertzaintza. La Policía vasca inició entonces una investigación en el curso de la cual se ha conducido a dependencias policiales a catorce personas, una de las cuales un psicólogo especialista en maltrato de género y violencia sexual ya ha ingresado en prisión.

Las pesquisas siguen abiertas puesto que se está intentado averiguar cuántos adolescentes pudieron haber participado en esta red y aclarar la relación de los clientes -algunos de ellos están siendo investigados- con los menores. Según aseguró ayer la diputada de Servicios Sociales de Álava, Beatriz Artolazabal, ya se ha identificado a cinco jóvenes -chicos y chicas- que habían participado en esta red, pero no se descarta que la cifra aumente cuando prosigan las indagaciones.

Convencidos de que trataban con adultos

En los interrogatorios mantenidos hasta el momento, los clientes han insistido en que contrataban los servicios convencidos de que estaban tratando con adultos y que para nada sospechaban que se encontraban ante menores de edad. En este sentido, estas personas confirmaron que utilizaban la página web y, alguno de ellos, ha confesado que cuando negociaban los precios les pedían a los jóvenes que consiguiesen cocaína para consumirla juntos durante la relación. La droga la pagaban los clientes.

Según han señalado fuentes conocedoras del caso, la Ertzaintza está intentando localizar a un menor al que se considera una pieza clave para aclarar el funcionamiento de la red. Este adolescente, que se encuentra en paradero desconocido desde que comenzó la investigación, es presuntamente quien alentó a algunos de sus compañeros chicos y chicas de los pisos tutelados para que se acostasen a cambio de dinero.

El joven había mantenido relaciones con el psicólogo encarcelado, quien le conoció cuando atendía a sus padres como terapeuta especializado en el tratamiento de parejas conflictivas. El experto, con numerosa bibliografía publicada sobre este tipo de cuestiones, había trabajado en la Diputación de Álava en casos relacionados con adopciones pero también en el Ayuntamiento de Vitoria, donde se le contrataba para situaciones en las que los asistentes sociales detectaban problemas de convivencia en familias consideradas de riesgo. Fue en una de estas labores de asesoramiento cuando inició la relación con el hijo de sus pacientes.

Páginas web

El testimonio de este joven se considera imprescindible para desentrañar cómo se había organizado la red de prostitución. En principio, empleaba dos páginas web de contactos sexuales para anunciar sus servicios. Cuando los clientes llamaban a los teléfonos, se les citaba en dos pisos céntricos de la capital alavesa. Algunos de los clientes exigían que, además de los servicios, los propios menores se encargasen de conseguir cocaína -que pagaban los adultos- para poder consumirla juntos.

En ocasiones, los propios menores ofrecían a sus clientes la posibilidad de relacionarse con otros miembros de la red y les proponían realizar tríos. La Ertzaintza no descarta que también se tomasen imágenes y se grabasen vídeos de los actos sexuales, en ocasiones entre varios jóvenes. Para ello se ha hecho con los ordenadores de todos los sospechosos de haber mantenido relaciones con los menores, así como con sus teléfonos móviles y dispositivos portátiles. Estos aparatos están en manos de la Policía científica, que los está analizando a la búsqueda de nuevas evidencias. Las tarifas que cobraban eran de 60 euros por media hora de servicio y de 100 por una hora. Por una masturbación percibían 30 euros.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos