La misión casi imposible de votar desde el extranjero

Los miembros de una mesa electoral recuentan los votos, /
Los miembros de una mesa electoral recuentan los votos,

Para los casi dos millones de españoles emigrantes participar el 26-J en la llamada fiesta de la democracia se ha convertido en un auténtico laberinto burocrático

MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

Imagine que en lugar de acudir a votar el próximo 26 de junio a su colegio electoral, antes tuviera que recorrer centenares de kilómetros para comprobar que está inscrito en el censo, por ejemplo los más de 350 que separan las ciudades británicas de Liverpool y Edimburgo o incluso los 1.500 kilómetros que hay de distancia entre las chinas Leshan y Pekin. ¿Votaría entonces?

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Que el consulado no esté en la misma ciudad en la que se reside es solo una de las barreras a las que se enfrentan los casi dos millones de españoles que viven fuera de nuestras fronteras para los que ejercer su derecho al voto se ha convertido en una auténtica odisea en estos últimos años. El colectivo Marea Granate, que debe su nombre al color del pasaporte español al cual brinda asesoramiento ante cualquier duda en el exilio, denuncia que desde que se comenzó a aplicar la reforma de la ley electoral en 2011, la falta de información y las trabas burocráticas impiden que la mayoría de los emigrantes pueda participar en los procesos electorales. Todo con la intención de desalentar el voto exterior, afirman algunos de sus integrantes.

Las complicaciones nacen con la reforma de la ley electoral que fue aprobada por el PSOE -que ahora defiende cambiarla- con el respaldo del PP, CiU y el PNV, y que instauró el llamado voto rogado. Este sistema obliga a los residentes en el extranjero estar inscritos en el consulado antes del 1 de marzo para poder votar en estas generales y, una vez registrados, solicitar el voto con antelación hasta el 6 de junio se puede- y luego ejercerlo sea por correo o personalmente en las embajadas y consulados. Algo que según denuncian los propios afectados constituye de facto un sufragio censitario y, a nuestro modo de ver, es inconstitucional, asegura María Almena.

Para esta joven investigadora que trabaja en el parisino Instituto Pasteur y forma parte de la Marea Granate, en los últimos procesos electorales se están cometiendo muchísimas irregularidades. Desde impedimentos para inscripciones como residentes temporales, forzando a los emigrantes a hacerlo como permanentes con la subsiguiente pérdida de derechos, a interpretaciones restrictivas de la legislación e incluso la pérdida de votos emitidos en las legaciones diplomáticas, como ocurrió el pasado 20 de diciembre en Fráncfort y Helsinki, sin que nadie haya dado explicaciones al respecto, critica.

Abstención forzosa

Antes del cambio legislativo, el envío de papeletas se hacía de forma automática a todos los que estaban censados en el consulado. Precisamente por esto, la reforma surgió con la intención de acabar con el llamado voto de los muertos y evitar así que las personas fallecidas las recibieran instantáneamente. Pero los datos demuestran que la reforma no ha dado el resultado más óptimo. En las generales de 2008, cuando fue reelegido José Luis Rodríguez Zapatero, votaron 382.568 personas de las 1.205.329 censadas en el extranjero. En diciembre, solo lo hicieron 142.619 de los 1.875.272 posibles electores, según los datos de la Oficina del Censo Electoral.

La participación ha batido mínimos históricos. Se ha producido un alarmante descenso del 85% de los electores, que no es que no voten sino que ven transformado su voto en abstención forzada, explica Almena. Una caída en las tasas de participación que es inversamente proporcional al aumento de la emigración española, que ha crecido en un 56,6% desde 2009. El padrón de españoles emigrantes ha pasado de 1,2 millones a 2,3 millones en este tiempo. En población y representación política, seríamos la tercera provincia del país, recuerda esta integrante de Marea Granate.

Los expatriados censuran también los fallos derivados de un sistema "complicado", que consideran podría aprovechar mucho mejor los avances tecnológicos y facilitar el voto por Internet. Una posibilidad que estudió el Ministerio de Interior para el 20-D pero que desechó ante la falta de seguridad y las dudas respecto del secreto del voto según revela el informe anual del Defensor del Pueblo. La institución que dirige Soledad Becerril evidencia que "la forma del ejercicio del voto por correo continúa afectando negativamente al derecho de participación de muchos ciudadanos". La principal complicación es la tardanza en recibir la documentación necesaria para poder votar, obstáculo que muchas veces se debe a la "inevitable intervención de los sistemas postales extranjeros, dado que la Ley exige que la remisión de dicho legajo se haga por correo certificado". Y este sistema es "básicamente inexistente" en algunos países, según el Defensor del Pueblo.

«Quiero poder decidir»

Mi hermano se casó en julio y aún no he recibido la invitación que me envió por correo. Sara Villasante lleva más de dos años trabajando como arquitecta en Doha. En diciembre pudo votar en su colegio de Madrid porque regresó a España para pasar la Navidad en familia. Ahora ha tenido que rogar el voto. He hecho todo lo que estaba en mi mano. Solo espero que me lleguen las papeletas, dice esta joven que recuerda cómo en la pasada cita electoral algunos expatriados en la ciudad catarí las recibieron fuera de plazo. Más de uno ha desistido en repetir ahora, reconoce Sara, para quien aventurarse en el proceso ha merecido la pena. Quiero poder decidir. Que esté fuera no significa que no me preocupe lo que allí pasa, defiende.

Almudena Pérez vive en México y está inscrita en su consulado. Solicitó a su debido tiempo poder votar el pasado diciembre y casi se le concede el deseo, el problema es que las papeletas llegaron cuando ya habían tenido lugar dichos comicios. Debería existir una manera sencilla de realizar todas estas gestiones de forma electrónica. Estamos en el siglo XXI, dice esta abogada, que ve comprensible que muchos expatriados pasen de votar por todo este embrollo burocrático. Para las de ahora espera que esto no vuelva a ocurrir.

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