Bosnia Herzegovina: Una incógnita desde el corazón de los Balcanes

La selección bosnia, antes de un partido. /
La selección bosnia, antes de un partido.

La escuadra de Safet Sušić debuta en una gran cita con dos obsesiones: frenar a Messi y superar la primera fase

SERGIO PEREA

No han transcurrido siquiera veinte años desde que los Acuerdos de Dayton cerraran una cruenta contienda que reactivó los peores fantasmas del viejo continente. La salomónica resolución del flanco más complejo del avispero balcánico legitimó la fractura étnica y confesional y se inventó una suerte de estado dual tutelado que, a día de hoy, persigue un destino incierto. El naufragio de la Yugoslavia federada frenó no sólo la ilusionante progresión de un país en alza, también frustró una de las generaciones balompédicas más brillantes que se recuerdan. Hijos de aquel desastre, Brasil contemplará por primera vez a los bosnios compitiendo bajo su bandera en una gran competición.

Y pese a ser los únicos neófitos de la cita mundialista, los zmajevi se saben capacitados para ser mucho más que meras comparsas. La escuadra de Safet Su¨i, leyenda del fútbol balcánico, llega a Rio con un plantel de jugadores de calidad, curtidos en grandes ligas europeas y el aval de una fase clasificatoria impecable, con una única derrota y uno de los promedios goleadores más altos del continente. La relativa benevolencia del sorteo alimentó la ilusión de destaparse como una de las revelaciones. Sin apartar la mirada sobre Leo Messi, frente a quien abrirán el torneo, los balcánicos aspiran a pelear el pasaporte a octavos con Nigeria, mejor combinado africano de la pasada campaña. Más replegados quedan los iraníes, quienes curiosamente apadrinaron el debut internacional bosnio en 1993, cuando aún silbaban las balas en Sarajevo.

La indiscutible punta de lanza del equipo es Edin Dzeko, indispensable en su segunda Premier con el Manchester City y uno de los máximos artilleros de la fase clasificatoria, con diez dianas en su haber. Pero el talento de los debutantes no se queda ahí. La fluidez ofensiva del combinado pasa por las botas del romarista Miralem Pjanic, certero en sus asistencias e implacable en sus disparos de larga distancia. El mayor hándicap de los dragones reside en la zaga, aunque Su¨i se ha empleado a fondo para construir un bloque defensivo sólido para repeler las embestidas de la temible albiceleste. El exsevillista Emir Spahi, capitán del combinado en la última década, tratará de comandar la retaguardia para que el arquero del Stoke City, Asmir Begovi, tenga el menor trabajo posible.

El periplo de la escuadra bosnia desde su legitimación oficial, la UEFA no reconoció su existencia hasta 1998, dos años después que la FIFA, parece emular el desdichado tránsito de la pequeña república en las últimas décadas. Tras varias rondas acariciando el éxito, en las dos últimas grandes citas, en 2010 y 2012, quedaron apeadas en la repesca por la tenaz Portugal de Cristiano Ronaldo. Los goles de Dzeko e Ibisevic les situaron en la cima de su grupo y, pese al empate a puntos con Grecia, han logrado el pasaporte directo a su primera gran cita con la historia.

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