Irán: La cenicienta asiática

Jugadores de Irán, durante un entrenamiento. /
Jugadores de Irán, durante un entrenamiento.

Es la única selección que no podrá intercambiar su camiseta al final de los partidos pues afrontan la cita con una única equipación

M. GLERA

Irán se jugó su presencia en Brasil a una carta. Su triunfo por la mínima sobre Corea del Sur le permitirá disfrutar de su cuarta cita mundialista treinta y seis años después de debutar en esta competición, en 1978. Jamás pasó de la primera fase y en Brasil se presenta como la cenicienta de un grupo que incluye a Nigeria (contra la que debutará), Argentina y Bosnia Herzegovina.

En Brasil se presenta con un equipo que mezcla juventud y experiencia y, sobre todo, con jugadores que han aprendido a competir lejos del fútbol iraní, que desde el año 2011 está bajo la batuta del portugués Carlos Queiroz y gira sobre el exosasunista Javad Nakounam. Posiblemente, es el mejor representante del fútbol asiático. Queiroz apuesta por la fortaleza defensiva, la transición rápida y el juego aéreo. Son sus tres grandes armas.

Paradojas del fútbol, Irán tiene su casa en el estadio Azadi (Libertad) pero las mujeres tienen prohibido el acceso a los campos de fútbol y los partidos de la selección sólo los podrán ver en cines habilitados exclusivamente para ellas, ya que no se permiten los pases mixtos. Los jugadores iraníes podrán pasar a la historia del Mundial por muchos motivos, pero ya son parte de él al ser la única selección que no podrá intercambiar su camiseta al final de los partidos pues afrontan la cita con una única equipación.

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