Albiol, el valladar al que la vida le regaló una segunda oportunidad

Albiol, durante un entrenamiento./
Albiol, durante un entrenamiento.

El defensa ha recuperado su esplendor tras una gran temporada en el Nápoles

JOSÉ MOLINS

El 2 de agosto de 2004 Raúl Albiol volvió a nacer. Por aquel entonces era un prometedor mediocentro defensivo que había debutado recién cumplida la mayoría de edad en el Valencia tras destacar en el filial y Quique Sánchez Flores se fijó en él para apuntalar su Getafe. Pero en el viaje para firmar su nuevo contrato, un accidente en la A-3 pudo costarle la vida. Llegó a quedarse en coma. Tuvo que ser intervenido por un politraumatismo dorsal y lumbar, y un derrame interno que obligó a la extirpación del bazo.

Pero ese inmenso susto no acabó con su carrera. El de Vilamarxant, un ejemplo de coraje y superación, logró recuperar su nivel cuatro meses después y se ganó la titularidad en el conjunto azulón. Su crecimiento ya iba a ser imparable. Tanto que al verano siguiente, cuando Quique firmó como entrenador del Valencia, exigió su fichaje. Raúl iba a cumplir el sueño de su vida. Ese que habían alcanzado de forma breve tanto su padre como su hermano. Le venía de familia. Pero Albelda le cerraba las puertas de la titularidad, por lo que pronto tuvo que retrasar su posición. Primero de lateral derecho, y después de central. Y ahí, fuera de su sitio habitual, alcanzó la gloria. Mestalla contempló la gran progresión de un joven y espigado futbolista que poco a poco fue madurando, hasta adueñarse por completo de su parcela en la defensa, lo que más tarde le llevó a la selección y a ganar la Eurocopa.

Indiscutible en las alineaciones, en 2006 recibió una oferta del Real Madrid, pero prefirió renovar con el Valencia. Un contrato que no iba a cumplir, porque tres años después los blancos volvieron a la carga. Y esta vez fue diferente. El Valencia estaba ahogado por las deudas y él quería triunfar.

En el Bernabéu llegó y no besó el escudo, pero sí el santo en su primer año, donde fue titular con Pellegrini. Pero llegó Mourinho y su carrera se frenó en seco. Sin apenas oportunidades, no perdió presencia en la selección, donde sus cualidades y su carácter simpático y bromista mantenían al 'Chori', como así le llaman, siempre en el grupo campeón del Mundo y de nuevo de Europa. Y cuando hubo que jugar con España, no desentonó, a pesar de la inactividad con los blancos.

Aunque sabía que para estar en Brasil ya no le valía vivir de rentas. Por eso no se lo pensó cuando Benítez y su Nápoles llamaron a la puerta el año pasado. Ha vuelto a brillar y a ser ese valladar en defensa que se le recordaba. Lo necesitaba. Este superviviente al que la vida le dio una segunda oportunidad llega al Mundial en plena forma.

 

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