Un Pedro enfadado, lo mejor para Del Bosque

Pedro celebra un gol./
Pedro celebra un gol.

P. RÍOS

Pedro Rodríguez llega al Mundial tras vivir un año complicado en el Barça. Ha sido su mejor temporada en número de goles en la Liga, en partidos jugados e incluso en titularidades. A diferencia de otras campañas, ha driblado las molestias y las lesiones. Y sin embargo no está contento porque ha sido suplente en algunos de los encuentros más importantes del curso, aquellos que nadie quiere perderse: los Clásicos ligueros ante el Madrid, los octavos y los cuartos de final de la Liga de Campeones, la final de la Copa del Rey El Tata Martino prefirió variar el esquema habitual, el 4-3-3, para jugar con lo más similar a un 4-4-2 con el objetivo de poder alinear juntos a Xavi, Iniesta y Cesc, en la media junto a Sergio Busquets, y a Messi y Neymar, en ataque. Quizás fue una decisión deportiva meditada del entrenador argentino, pero también queda la sospecha de que fue una elección política para poder ubicar a todos los cracks y evitar desequilibrios afectivos. Lo único seguro es que el perjudicado fue Pedro, que protesta menos, al igual que Alexis, y tiene menos impacto mediático.

La sensación que tiene el tinerfeño es que si ha jugado mucho se ha debido a las lesiones de Neymar, como ha ocurrido en el final de Liga. Las alabanzas de Martino en referencia a su profesionalidad, predisposición y entrega no le han bastado. A punto de cumplir los 27 años (en julio), ya no es un niño que se conforma con un caramelo verbal. Pedro ha marcado goles importantísimos en la historia reciente del Barça (final de la Liga de Campeones 2010-11, por ejemplo, en Wembley), se ha sentido imprescindible en el equipo azulgrana y comienza a detectar que su protagonismo peligra. Su nombre comienza a aparecer en los medios de comunicación como el de un jugador por el que el Barça podría sacar una buena cifra de traspaso. Y a él ya no le disgusta tanto la idea.

En ese ambiente de cierta crispación, la selección española es el lugar donde Pedro es más feliz en la actualidad. Sabe que Vicente del Bosque confía en su polivalencia ofensiva y él barcelonista responde con la mejor actitud y goles importantes. Ya suma 14 con La Roja, casi todos en los dos últimos años. El Mundial de Brasil le motiva de forma especial. Quiere demostrar a los que dudan de él que hace tiempo que es un crack, no un suplente de estrellas.

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