Drama con un final feliz

Franklfurter Allgemeine: "Ídolo Götze: Alemania, campeón del mundo otra vez"

ANTONIO G. ENCINAS

Un drama. Se iba la prórroga y todos eran conscientes, de repente, de esos detalles que acrecientan el lastre en las piernas. Löw veía esfumarse el título que coronaría a una gran generación alemana que, de momento, se iba de la historia de vacío. Messi sabía que con su Mundial -y con los rivales que ha tenido Argentina- solo el título le salvaría de la crítica despechada. Kroos bajaba su caché, ganado en los seis partidos anteriores, con unos remates de alevín, y Romero y Neuer se jugaban otra vez enfrentarse a ese terrible todo o nada de los penaltis en los que tienes tantas posibilidades de ser un héroe nacional como un maldito. Sangraba Schweinsteiger, Agüero ponía cara de inocente y miraba de reojo a su amigo Messi para adivinar qué le pasaba, y Müller, con ese aire de Julio Salinas desastrado, debía estar tan pendiente de Mascherano, erigido en trinchera, como de Hummels, tieso en el área propia.

Gemelos duros. Sin aliento. Sin que importe ya la grada, ni los cánticos, ni el pedazo de imbécil que salta al césped para abrazarse a... ¡Höwedes! Cada jugador tiene un volcán en la cabeza, porque los errores, llegado este punto, no son colectivos, sino individuales, y decisivos. Nadie quiere arriesgar un pase, jugarse un balón mas atrevido de lo recomendable...

Y entonces coge un pase en la banda Schurrle, que durante todo el partido ha parecido más un tuercebotas que un componente más de esta elegante selección alemana. Pone el centro con la izquierda, quizá sin demasiada esperanza, y Götze, que había seguido la jugada, emerge solo. Con el instinto del que tiene las piernas un pelín más frescas que el resto, decide poner el pecho y amortigua el balón. No han comenzado a caer ni la pelota ni él cuando su cuerpo empieza a acomodarse. Tenía el remate en la cabeza antes siquiera de tirar del freno de pecho. Romero sale con la desesperación clavada en los ojos, abre los brazos, las piernas, el alma para intentar tapar toda la portería, para nublarle la vista al demonio alemán.

Pero no.

Götze empalma. Perfecto. Ni mordida, ni demasiado exterior, ni un toque de más de interior. Con la izquierda. Por el único hueco que deja el corpachón amarillo de Romero.

Gol. El gol del Mundial. El Götze de mi vida, se diga como se diga en alemán. Tres minutos antes que el de Iniesta pero con la misma seguridad de que era El Momento. "Sabía que era ese balón", decía el héroe español. Seguro que esa frase la suscribe el nuevo ídolo germánico.

Mascherano sacude, Messi exhala el último aliento que le queda en dos carreras y una falta sin espíritu, Biglia patea hacia cualquier lado, Romero empieza a pensar si habría podido hacer más en ese balón definitivo... Final.

Alemania, campeón del mundo. Argentina, la nada, porque eso es lo que le queda al subcampeón.

El drama, al menos, tuvo final feliz para uno.

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