Avanza el ejército brasileño

David Luiz celebra el segundo tanto brasileño. /
David Luiz celebra el segundo tanto brasileño.

Dos goles a balón parado de sus centrales derrotaron a una Colombia superada por las circunstancias

IGNACIO TYLKOMadrid

2 Brasil

Julio César, Maicon, Thiago Silva, David Luiz, Marcelo, Fernandinho, Paulinho (Hernanes, min. 86), Óscar, Neymar (Henrique, min. 88), Hulk (Ramires, min. 82) y Fred.

1 Colombia

Ospina, Zúñiga, Zapata, Yepes, Armero, Cuadrado (Quintero, min. 80), Guarín, Carlos Sánchez, Ibarbo (Ramos, min. 46), Teófilo Gutiérrez (Bacca, min. 70) y James Rodríguez.

Árbitro
Velasco Carballo (España). Mostró amarilla a Thiago Silva -se pierde la semifinal-, James Rodríguez, Yepes, Julio César.
Goles
1-0: min. 7, Thiago Silva. 2-0: min. 69: David Luiz. 2-1: min. 80, James Rodríguez, de penalti.
Incidencias
Partido de cuartos de final del Mundial Brasil 2014, disputado en el estadio Castelao de Fortaleza.

La Brasil forjada por Scolari a su imagen y semejanza ya está en semifinales, donde le espera Alemania, el 4 de julio en Maracaná. El criticado técnico marginó de la lista a jugadores de buena técnica como Lucas Moura pero ha formado un ejército de soldados que conquistan territorios en las batallas.

Y lo hacen en acciones de estrategia culminadas por sus defensas. Todos creen en lo que hacen e incluso Neymar dice, sin ambages, que no está en el Mundial para dar espectáculo sino para ganar.

Con ese mismo carácter que le hizo imponerse en la pasada Copa Confederaciones y avasallar a España en la final, Brasil derrotó a una Colombia timorata al principio, heroica cuando vio todo perdido y quejosa de la permisividad de Velasco Carballo ante las constantes faltas tácticas de los anfitriones. También le reprochan que no expulsara a Julio César en la jugada del penalti a Bacca que permitió a James acortar distancias y escaparse como pichichi con seis dianas. Pudo ser roja pero estaba por ahí David Luiz y Velasco entendió que no era ocasión manifiesta de gol.

Se las prometían muy felices los hinchas colombianos con esos cánticos jocosos, a imitación de los argentinos, en los que festejaban el aburrimiento de los brasileños y les agradecían que cuando ven jugar a James, se arrodille hasta Pelé. Sin embargo, la respuesta en el campo de los cafeteros no respondió a las altas expectativas generadas. De ahí las constantes miradas al suelo de un desconcertado José Pekerman.

Se confiaba en ver a una Colombia alegre, ilusionada, segura y con la autoestima por las nubes, pero se vio a un equipo temeroso, asustado por el ambiente y superado por las circunstancias. Todos intimidados en el partido más importante de sus vidas y de la historia del fútbol colombiano. James pidió siempre el balón, sin esconderse, pero le sometieron a una vigilancia estrecha.

Scolari envió al banquillo a Dani Alves de forma justa, ya que su temporada en el Barça ha sido nefasta y en el Mundial tampoco estaba dando la talla, y buscó más presencia física con Maicon, todavía notable en la Roma. Y en el centro del campo, volvió Paulinho para ocupar la baja del sancionado Gustavo Luiz.

Marcaron territorio los locales desde el minuto uno. Entradas duras y constantes faltas tácticas, sobre todo con James de víctima. Velasco Carballo, muy permisivo, se olvidó de las tarjetas. Es cierto que luego tampoco amonestó alguna entrada dura de los colombianos, sobre todo un golpe de Zúñiga en la rodilla de Hulk, pero los cafeteros se vieron mucho más perjudicados con esta actitud del trencilla.

Lejos de pesarles la presión, la responsabilidad y el escudo, los brasileños salieron en plan campeón. Completaron su mejor arranque del torneo, ayudados también por un gol tempranero. De nuevo fue a balón parado, fruto de un saque de esquina bien tocado por Neymar, fatal defendido y rematado con el muslo por Thiago Silva, al que perdió de vista la Roca Sánchez.

Reivindicación y tarjeta

Hizo un buen movimiento el central del París Saint Germain pero tampoco fue un gol como para reivindicarse de la forma en que lo hizo. Se tocó el escudo, el brazalete de capitán, se golpeó en el pecho y dio las gracias a Dios. Estaba herido en su orgullo. Le habían cuestionado su gallardía y su capacidad de liderazgo por negarse a tirar un penalti ante Chile y vivir la tanda desde las banda, alejado de sus compañeros. Sus ganas de estar en todas le costaron luego una amarilla absurda que le deja sin semifinal. Y todo por impedir el saque del portero rival.

Si el partido no se resolvió ya en el primer tiempo fue porque Ospina salvó varios disparos de Hulk.

Más que cafeteros, los colombianos fueron un flan. Les temblaba el cuerpo cada vez que un brasileño penetraba en el área o tenían que defender alguna acción de estrategia. Pudieron inquietar en una contra al anfitrión, pero tras un par de quiebros de James desperdiciaron un cuatro para dos por una lastimosa elección de Cuadrado.

El juego se revolucionó tras el descanso. Un golpe franco ejecutado con un disparo seco por David Luiz parecía abrochar el triunfo de la canarinha, pero ahí resucitó Colombia. Pekerman introdujo al sevillista Carlos Bacca demasiado tarde y su presencia ilusionó a todo el país. Desde que Jamés marcó el penalti, el miedo se apoderó de Brasil, que pasó con cierta angustia y sin Neymar, que se retiró en camilla tras sufrir un rodillazo en la espalda. Y James lloró desconsolado en su despedida.

 

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