Las sombras que rodean el caso de Sheila 15 años después de su muerte

La hermana de Sheila Barrero, en un acto de protesta. /EL COMERCIO
La hermana de Sheila Barrero, en un acto de protesta. / EL COMERCIO

La Guardia Civil cree resuelto el caso de la joven camarera asesinada en Villablino al encontrar restos de pólvora que apuntan a su expareja

J. Calvo
J. CALVO

El crimen de la joven Sheila Barrero vive bajo las sombras. Las que acompañaron a la joven aquel 25 de enero de 2004 a la salida del pub Joe de Villablino, donde trabajaba los fines de semana, las mismas que la envolvieron en el camino de regreso hacia Asturias ese día, las que han mantenido difuminado su crimen a la espera de que fuera resuelto.

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Sheila, morena, con el pelo liso, risueña y amable, encandilaba tras la barra a los jóvenes que acudían a aquel local que mantenía la música de moda a todo volumen hasta bien entrada la madrugada.

Aquella madrugada, fría y lisa en la capital de Laciana, teñida por una capa de niebla a medida que se avanzaba hacia la montaña, Sheila recogió su Peugeot 206 recién revisado a escasos metros del pub. Allí se lo había dejado el mecánico que le había hecho la rutina del mantenimiento al vehículo.

Como en otras muchas ocasiones puso rumbo a la localidad asturiana de Degaña. Allí vivía con sus padres, a los que pretendía ver tras un trayecto rutinario de apenas 23 kilómetros, menos de media hora de duración en coche.

Sheila Barrero.
Sheila Barrero. / EL COMERCIO

Nada sorprendente hasta que en el Alto de la Collada las sombras se hicieron más intensas, tanto, que terminaron escondiendo un crimen atroz. Los investigadores creen que la joven fue interceptada en ese punto por una persona conocida, lo suficiente como para que detuviera el vehículo y permitiera su entrada en el vehículo. Las mismas sombras vieron cómo le colocaban una pequeña pistola en la cabeza y apretaban el gatillo a 'cañón tocante'.

La autopsia constató que la joven recibió un disparo efectuado a quemarropa desde el interior del propio vehículo con un arma corta, se supone que el mismo fue realizado desde el asiento trasero y que la joven nada hizo por defenderse. Quien maquinó aquel final para Sheila no dudó en sacar el vehículo de la carretera hasta dejarlo en un área de descanso.

La Guardia Civil localizó dentro del Peugeot 206 un casquillo, una colilla y una bufanda. Todo lo demás, se lo llevaron las sombras.

La investigación apuntó directamente a Borja Vidal, a quien se consideraba su exnovio y al que se localizaron en los análisis de la 'prueba de parafina' restos de pólvora que él siempre atribuyó a las jornadas de caza en las que había participado en los días previos.

Nuevas tecnologías han permitido analizar una partícula encontrada en la mano del exnovio

«Pero es que no era su novio. Tuvieron una relación esporádica que él cortó, no ella. Él no es capaz de algo así y desde luego, y lo más importante, no tenía un móvil que justificara una acción tan atroz», se ha advertido desde la familia del entonces investigado a El Norte de Castilla.

«Estoy tan tranquilo en mi casa, yo sé bien que no hice nada, que esa noche estaba en casa de mi padres y eso a mí me vale», confesaba años atrás en un programa de televisión. Borja, casado y con hijos, que sigue viviendo hoy en la zona porque según advierte su familia siempre se ha sentido inocente y no tiene motivos para irse del lugar. «Él no cometió el crimen, quizá habría que detenerse en otras líneas de investigación que se apuntan en el propio sumario», se incide desde la propia familia.

Vuelta al origen

Sin embargo 15 años después del asesinato de Sheila, todos los focos vuelven a apuntar a un joven que entonces apenas había alcanzado la mayoría de edad, el mismo joven que fue insistentemente interrogado, el mismo al que la Guardia Civil siguió el rastro en busca de una prueba incriminatoria.

La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil nunca ha dejado el caso olvidado en el cajón, incluso lo pone sobre la mesa de todos sus nuevos agentes para ver si una mente limpia y ajena a lo sucedido entonces, localiza una pista que incomprensiblemente se hubiera pasado por alto.

El camino ha sido largo hasta que los nuevos avances tecnológicos han permitido analizar una partícula hallada en la mano derecha del exnovio de la víctima que coincidiría con la muestra (plomo, estaño y bario) localizada en el casquillo de la bala que mató a la joven. Para la Unidad Central Operativa este análisis es como el ADN biológico y no ofrece margen a la duda porque, además, es incompatible con los restos que se originan debido al uso de un arma de caza.

Esas coincidencias unidas a la de una fibra hallada en la bufanda que apareció en el coche de la víctima, coincidente con prendas del propio sospechoso, incidirían en la acusación.

La delegada del Gobierno en Asturias, Delia Losa, ha afirmado que el informe de la UCO es «muy concluyente», la familia de la joven espera que esa documentación de la Guardia Civil se transforme en acusación por parte de la Fiscalía y la familia de Borja Vidal insiste en que «no hay caso» porque «él no lo hizo y lo demostrará ante el juez si fuera necesario».

Todo, mientras las sombras siguen enturbiando cuanto acompaña la dramática historia de Sheila Barrero, la joven que desbordaba felicidad hasta que le perforaron el cerebro con una bala aquella madrugada del 25 de enero de 2004. Son las mismas sombras que desde aquel día acompañan a quien entonces apretó el gatillo.