Fallece en Canarias el empresario de la construcción José Martínez Núñez

José Martínez Núñez./
José Martínez Núñez.

El empresario, que llegó a facturar 600 millones de euros, ha fallecido a los 86 años

JAVI CALVO-LEONOTICIASLEÓN

José Martínez Núñez, uno de los empresarios más influyentes en la historia del Bierzo, ha fallecido este lunes en Canarias a los 86 años de edad. Allí se había recluído junto a su mujer, Josefina, coincidiendo con la 'caída' del imperio que había forjado durante años a base de esfuerzo, sacrificio y no pocas polémicas.

Presumía de haber comenzado a levantar su imperio desde muy abajo. Tanto que, según advertía, entonces sólo tenía en una bicicleta y una paleta. Eso, y dos manos dispuestas para estar trabajando las 24 horas del día. «Tenía una bici y no tenía ni techo, porque dormía en un prao», aseguró en más de una ocasión.

«Veis este restaurante en el que estamos comiendo. Pues lo hicimos en un día», aseguró una vez ante más de 300 trabajadores en una reunión en la que celebraba haber salido absuelto de una de las muchas polémicas que le acompañaron.

«Pues así quedó», aseguró uno de los trabajadores casi entredientes.

A Martínez Núñez nadie le levantaba la voz, no lo permitía. Era genio puro «pero se le veía venir. Son peores aquellos que, aprendiendo de él, utilizaron sus mismos métodos pero encima no se les ve venir», también recordaban sus colaboradores.

Así era 'don José', un tipo con gesto serio y envalentonado que no temía a nada, ni a nadie. «Yo no tengo miedo, que me teman a mí», advirtió en más de una ocasión.

La bicicleta fue creciendo

Poco a poco la bicicleta fue creciendo, a base de cemento y ladrillo porque si de algo entendía José Martínez Núñez es que un ladrillo -incluso mal colocado- multiplicaba su valor.

En 1970 fundó Construcciones Martínez Núñez y a partir de ahí y con el viento a favor la máquina de hace dinero se hizo imposible de detener. La 'factoría Martínez' participaba en financieras, compraba empresas de la construcción, se saltaba la legalidad si hacía falta, adquiría canteras y se quitaba enemigos de encima por las buenas o por las malas. Abarcaba la construcción, la comunicación, la hostelería («Los hoteles siempre ganan», decía)...

Martínez se hizo un experto en crecer empresarialmente sin descanso. Experto en todos los sentidos. Encargaba informes de la competencia, ordenaba seguir a aquella persona de la que quería conocer todo en su vida. Lo sabía todo del sector y de quienes estaban en el sector.

Y el dinero entraba a tal velocidad que el 'imperio' no dejaba de crecer. Un día se enfadó con Servando Torío -propietario de Diario de León- y montó un periódico -La Crónica de León- y con ese diario en la mano se dio cuenta que su poder aumentaba.

Él, que comenzó haciendo chapuzas y luego levantando edificios pasó a ser un empresario de postín que construía autopistas, edificios oficiales y participaba en grandes obras del Estado.

Tanto poder acumuló que llegó a creerse inmune. Quizá porque teniendo un helicóptero como tenía creía volar por encima del bien y del mal. Se vio salpicado por el 'caso Cuiña' (una especie de conspiración para atentar contra el consejero gallego, al que no tenía especial aprecio) y buscó salida para no verse inmerso en la quema de camiones a Sindo Castro, otro empresario del sector que se negó a venderle la empresa.

«Se pone el dinero que haga falta»

«Aquí se pone el dinero que haga falta», decía cuando quería que un proyecto «sí o sí» saliera adelante.

Y era para pensar así porque su grupo de empresas llegó a facturar 600 millones de euros y sumaba más de 6.000 trabajadores en sus mejores momentos. «Ahora vamos a traer barcos llenos de clínquer para hacer cemento», dijo un día. Dicho y hecho. Martínez pensaba a lo grande, ganaba dinero a lo grande y lo gastaba del mismo modo. El dinero siempre, o casi siempre, llama a dinero, comentaba.

Hasta que un día todo el dinero se acabó. El día que explotó la burbuja de la construcción explotó el imperio, todo el imperio, de Teconsa a Martínez Núñez, desde los hoteles a La Estrella, todo. Entonces comenzaron a aparecer papeles en las alcantarillas: impagos, la Gürtel, las sospechas de corrupción, las idas, las venidas, el dinero en las cajas de seguridad...

Cuando el imperio comenzó a venirse abajo José Martínez Núñez, el hombre que lo había tenido todo, decidió irse a una isla que le daba tranquilidad. No tuvo tiempo ni para disfrutar del descanso porque el alzheimer metió los recuerdos en otra dimensión.

«Mejor así porque si viera en qué se ha convertido su imperio se habría muerto mucho antes», han asegurado quienes le conocían.