El urogallo sigue hundido

Ejemplar de urogallo macho/
Ejemplar de urogallo macho

Biólogos de Geotrupes critican el programa LIFE+ por su «elevado coste y su probada ineficacia» para recuperar la especie

MARCO MÉNDEZLeón

A principios del pasado mes de octubre fueron soltadas tres hembras de urogallo en las montañas leonesas de la Cordillera Cantábrica, dentro del programa LIFE+Urogallo. Solo dos meses después se constató la muerte de uno de esos ejemplares. No es la primera vez que ocurre algo similar, ya que la reintroducción de urogallos criados en cautividad es muy compleja. Y hasta tal punto lo es que hay quien se muestra completamente en contra de este programa.

La asociación Geotrupes, integrada por biólogos, es una de las entidades que se opone a esta práctica. Carlos Rodríguez del Valle es el presidente de esta entidad que, entre otras cosas, se dedica a «fomentar el uso de la información científica en la gestión y conservación de la naturaleza». Proyectos como el del urogallo cantábrico se han realizado en varios países en los últimos decenios, con la suelta de miles de aves, pero, según indica Rodríguez del Valle, «hasta la fecha no existe evidencia de que ninguno de estos proyectos haya contribuido a la recuperación de las poblaciones sobre las que se actuó». Es más, considera que este programa de cría «debería calificarse más bien como un hecho lamentable, por su elevado coste y su probada ineficacia».

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Impacto inasumible

El caso es que también existe un informe del Departamento de Genética de la Universidad de Oviedo que valora la viabilidad del programa y «una de sus conclusiones es que no es posible reforzar la población cantábrica con urogallos procedentes de la misma población. Además, queda claro que la cantidad de puestas que habría que retirar del campo para lograr los objetivos planteados para la cría en cautividad es inasumible por el impacto que tendría sobre la población silvestre. En definitiva, se trata de un programa inviable», explica Rolando Rodríguez.

La situación de la especie es mala, pues quedan entre 200 y 300 ejemplares en la Cordillera Cantábrica, la gran mayoría en el extremo occidental. No es factible utilizar ejemplares de la misma población, pero «el problema a la hora de importar aves de otras poblaciones radica en que se trata de una población muy diferenciada genéticamente con respecto a las que viven en la mayor parte del mundo», asegura Rodríguez. Pero aún habría una esperanza de futuro, que es «una parte de la población pirenaica, que es genéticamente similar, con lo que cabría valorar su posible compatibilidad». Pero este experto es cauteloso: «Quiero dejar claro que no estoy dando por hecho que se puedan introducir urogallos pirenaicos en la Cordillera Cantábrica, sino solo que es una posibilidad que habría que valorar».

Investigar las causas

A pesar de la situación, «no es en absoluto una batalla perdida», apuntan desde Geotrupes. ¿Qué se puede hacer? Hay varias actuaciones a acometer, indica Rolando Rodríguez, «empezando por conservar su hábitat y por investigar las causas del declive como paso imprescindible para buscarles solución. Los núcleos reproductores de urogallo que aún quedan en los montes de Cangas del Narcea, Degaña, Ibias y el Alto Sil están sufriendo una presión importante derivada de la destrucción del hábitat y la instalación de alambradas».

Podría pensarse que el LIFE+Urogallo adoptaría medidas para evitar esos problemas, pero, según Geotrupes, la realidad es al contrario. «No solo no está frenando este problema, sino que participa activamente en la degradación del hábitat, tanto directamente como fomentando rozas de matorral y clareos forestales por parte de ganaderos y empresas dedicadas a trabajos silvícolas», explica Rodríguez.

El caso es que la tesis que defiende Geotrupes es también respaldada por prestigiosas entidades como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y la británica Royal Society for the Protection of Birds. Y apuntan como graves problemas para los animales reintroducidos su incapacidad para asimilar dietas naturales y la ausencia de un comportamiento contra los depredadores.

 

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