May recurre a Juncker en un intento de última hora para encarrilar el 'brexit'

La primera ministra británica, Theresa May, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker./EFE
La primera ministra británica, Theresa May, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. / EFE

La 'premier' viaja a Estrasburgo para concretar con el luxemburgués una fórmula que facilite el 'sí' de Westminster

Salvador Arroyo
SALVADOR ARROYOCorresponsal en Bruselas (Bélgica)

La montaña rusa del 'brexit' lanzó este lunes a Theresa May a un viaje a la desesperada a Estrasburgo para buscar un acuerdo de última hora con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. En la localidad francesa, donde esta semana tiene sesión plenaria la Eurocámara y se celebra el Consejo de Comisarios del Ejecutivo comunitario (que preside el luxemburgués), la 'premier' buscaba arañar anoche las precisiones jurídicamente vinculantes que permitan a su plan de salida de la Unión Europea (UE) superar el segundo asalto en Westminster hoy, a 17 días de la fecha prevista para el divorcio.

Las escasas opciones que tenía este lunes de conseguirlo, incluso la posibilidad de recibir un golpe de intensidad similar al de enero -cuando la Cámara de los Comunes rechazó su pacto con Bruselas por 230 votos-, dispararon las especulaciones de que (una vez más) May pudiera optar por el aplazamiento. Finalmente no ha sido así, aunque parlamentarios de su partido la invitaron a hacerlo.

Y a esa tesis, la de un inminente nuevo fiasco, contribuía también el aire que se respiraba en Bruselas tras un fin de semana de altibajos en unas negociaciones que parecieron bloquearse en el último valle. «Ahora, las discusiones son entre el Gobierno en Londres y el Parlamento británico», aseguró el negociador principal de la UE, Michel Barnier, a la agencia AFP. «Ahora es la Cámara de los Comunes la que debe tomar decisiones importantes», explicaba posteriormente el portavoz jefe de la Comisión Europea.

Margaritis Schinas desveló que el domingo por la noche Juncker y May mantuvieron una conversación telefónica. Y en el momento en que comparecía ayer ante los medios de comunicación, pasado el mediodía, aseguraba que no estaba prevista ninguna reunión política más pero continuarían los contactos a nivel técnico. A eso de las siete de la tarde, el portavoz de Juncker confirmaba que iba a producirse la entrevista en Estrasburgo, a la que asistió Barnier. Berlín también dio aire el lunes a la idea del 'no hay más que hablar'. Angela Merkel aseguraba que «hemos hecho una oferta importante y ahora le corresponde a Reino Unido reaccionar».

Esa «oferta importante» se sustenta en lo que el viernes Barnier avanzó a los embajadores de los Veintisiete y al Parlamento Europeo, y que luego él mismo desgranó en cinco mensajes a través de su cuenta de Twitter. La última propuesta de Bruselas es ésta: una interpretación jurídicamente vinculante en virtud de la cual la UE concede a Reino Unido la opción de «salir unilateralmente del territorio único aduanero» después del 'brexit' «mientras que los demás elementos del respaldo deberían mantenerse para evitar una frontera rígida». Dicho de otro modo, no se le retendría en contra de su voluntad, pero tenía que mantener sin línea divisoria su provincia del Ulster y, en suma, bajo las normas comerciales del bloque comunitario.

La idea era tan vieja (salvo el matiz de la garantía legal de no retención) que los unionistas que dan soporte al Gobierno de May ya la habían rechazado en otras ocasiones por lo que supone para ellos: desgajar un territorio británico. Esa fue la base de la conversación telefónica entre May y Juncker del domingo por la noche. Había que realizar más matizaciones contrarreloj. Incluso el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, que iba a viajar este lunes a Estados Unidos, convocó de urgencia a su Gabinete para mantener hilo directo con la negociación en Estrasburgo.

Sobre cómo convencer a Dublín de que la esencia de la propuesta no varía. Sobre cómo dar forma legal a esa idea de 'backstop' para disipar al mismo tiempo el temor de que llegue a ejecutarse. Sobre cómo convencer a los euroescépticos de que nunca Reino Unido quedará atrapado contra su voluntad en el proyecto europeo. Y también sobre cómo comprometer a la UE a hacer todos los esfuerzos para no llegar a ese escenario -imprimiendo urgencia al pacto sobre la relación futura a partir de 2021, cuando expiraría el periodo transitorio de un 'divorcio' con acuerdo- versó la reunión en Estrasburgo. Versó, en definitiva, sobre cómo hacer ingeniosos juegos de malabares con la prosa de una declaración de incierto recorrido.

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