Editorial: La migración, desafío europeo

No basta con afrontar el próximo Consejo Europeo enalteciendo las coincidencias porque pueden resultar inhumanas en su exigüidad

Rescate de 289 inmigrantes cuando intentaban alcanzar las costas españolas a bordo de dieciséis pateras en aguas del Estrecho de Gibraltar y del mar de Alborán/A.Carrasco Ragel-EFE
Rescate de 289 inmigrantes cuando intentaban alcanzar las costas españolas a bordo de dieciséis pateras en aguas del Estrecho de Gibraltar y del mar de Alborán / A.Carrasco Ragel-EFE

La minicumbre europea de ayer, que reunió a jefes de Gobierno comprometidos en avanzar propuestas ante la crisis migratoria, a iniciativa de Jean Claude Juncker, no fue más que la antesala del Consejo del jueves y viernes próximo, en el que los socios de la Unión se pronunciarán con palabras menos contenidas. Pedro Sánchez insistió ayer en su propósito de realzar las coincidencias que se alcancen entre los miembros de la UE para que Europa no se empantane en las diferencias que afectan a la relación entre sus socios y a las vicisitudes que atraviesan los distintos países. Una didáctica que está siendo muy difícil de llevar a la práctica. Porque hay mayorías de gobierno en Europa que se basan precisamente en una doble negación: que nuestro continente ha de convertirse en un horizonte de acogida segura y solidaria, y que las instituciones de la Unión pueden establecer políticas al respecto que comprometan a todos los socios, sin excepción. Europa se lo juega todo en ese Consejo, porque la migración representa el desafío más directo que concierne a la Unión. No es solo un asunto de la máxima relevancia. Es la cuestión ante la que se retrata la UE, en su presente y de cara a su futuro; porque retrata el presente y el futuro de todos y cada uno de sus países miembro. La migración es, a la vez, la causa y la excusa por la que, junto a la avenida de personas que buscan alguna oportunidad lejos de sus lugares de origen, se expanden prejuicios que dan lugar a formulaciones de apariencias políticas. Propuestas que reducen la identidad a criterios étnicos que deshumanizan y cosifican a las personas, y que limitan el principio de ciudadanía a los nacidos en un territorio que se estrecha aun más cuando la xenofobia se vuelve categoría para la clasificación del prójimo. La Europa de la Unión se encuentra atenazada porque, junto a la necesidad de ofrecer una respuesta positiva a la demanda incesante de la migración, se ve obligada a afrontar de la manera más positiva a esos instintos primarios que amenazan con desgajar el ideal democrático fundacional. La Unión se encuentra amenazada por la parálisis que promueven el nacionalismo exacerbado y la xenofobia que se están haciendo fuertes en su seno. No será bastante con afrontar el Consejo Europeo próximo enalteciendo de antemano las coincidencias que se den; porque pueden resultar inhumanas en su exigüidad.

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