Macron se lo juega todo en el Gran Debate Nacional

El presidente de Francia, Enmanuel Macron./Reuters
El presidente de Francia, Enmanuel Macron. / Reuters

El presidente francés abre dos meses de asambleas para que la ciudadanía haga llegar al Gobierno sus ideas para reformar la República

PAULA ROSASParís

Es el último as que queda en la manga de Emmanuel Macron. Una pequeña burbuja de oxígeno para intentar salir de la profunda crisis social y política que atraviesa Francia y, de paso, reconstruir su maltrecha imagen. Acorralado por la radicalización cada vez mayor de los 'chalecos amarillos' y con las elecciones europeas a la vuelta de la esquina, Macron ha puesto en el gran debate nacional que ha comenzado esta semana todas sus esperanzas para salir del atolladero y «transformar la cólera en soluciones». Serán dos meses en los que los franceses podrán participar en diferentes foros para hacer sus propuestas de reforma de la República. Una espada de doble filo para un presidente que se juega su mandato a la carta del debate.

Macron daba el pistoletazo de salida a la iniciativa esta semana con dos sesiones maratonianas con cientos de alcaldes. A pelo, encerrados en un pequeño polideportivo de Grand Bourgtheroulde, en Normandía, el presidente respondió el martes durante casi siete horas a las inquietudes de los ciudadanos, que eran planteadas por boca de sus representantes.

«He mantenido un cuaderno de quejas en el ayuntamiento y lo que ha salido de ahí es una gran miseria», espetaba el alcalde de un pequeño pueblo de 288 habitantes. Otra regidora le recordaba la importancia del coche en las comunas rurales. Se habló de pesca, de pesticidas, de la falta de médicos, de las dificultades para renovar el carné de identidad cuando se vive lejos de las grandes ciudades. «Denos confianza y escúchenos», le pedía Sophie de Gibon, la alcaldesa de Canteloup, una comuna con tan solo 183 almas. El viernes el presidente volvía a la carga en Souillac, en Occitania.

Macron se gusta en esos momentos, se siente cómodo, conoce los temas y es infatigable. La espléndida sonrisa de alivio del portavoz del Gobierno, Benjamin Griveaux, al día siguiente decía más sobre las expectativas del Ejecutivo que cualquier comunicado. Pero la estrategia innovadora, advierten algunos analistas, puede acabar teniendo un resultado contrario al esperado.

«Si de este debate sale algún tema de consenso y el Gobierno no le da respuesta puede crear más frustración», asegura a este periódico Marion Roth, directora del think tank Décider ensemble, especializado en participación ciudadana. Es decir, si los franceses ponen en negro sobre blanco su malestar con demandas concretas y el Gobierno no consigue darles respuesta, la crisis puede agravarse. Un riesgo para Macron, que hipotecaría su ambicioso programa de reformas sin dar solución tampoco al clamor popular.

Dos de cada tres franceses son escépticos ante la utilidad de este gran debate nacional, según el último sondeo publicado por la prensa local. Muchos consideran que el debate no es neutro entre otras cosas porque desde el Ejecutivo lo han reconducido en cuatro ejes (transición ecológica, fiscalidad, organización del Estado y democracia y ciudadanía) en los que tendrán que enmarcarse las propuestas. Tampoco parece que vaya a calmar los ánimos de los 'chalecos amarillos', un movimiento que, aunque se encuentra muy dividido, sigue saliendo cada sábado a la calle y este fin de semana ha concentrado en todo el país a unos 27.000 manifestantes, algo menos que la semana anterior. «Tengo dudas de que, sea cual sea la respuesta del Gobierno tras el debate, los 'chalecos amarillos' estén dispuestos a acabar con su protesta porque han ido demasiado lejos en sus demandas como para integrarse en un proceso así», se plantea Roth.

Ganar tiempo

¿Se ha abierto la caja de Pandora? Eso parecen pensar algunos escépticos dentro de La República en Marcha, el partido de gobierno, mientras que la oposición a izquierda y derecha opina que con el debate el Ejecutivo busca una maniobra de distracción para «ganar tiempo» de cara a las próximas elecciones al Parlamento de Estrasburgo. «¡Este debate es una campaña para las europeas!», gritaba una manifestante este viernes a las puertas del lugar donde Macron se iba a encontrar con los alcaldes. Los comicios son, sin duda, una variable importante en la ecuación sobre todo porque su gran rival, la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen (el antiguo Frente Nacional), parece ser quien está capitalizando de forma más clara la crisis de los 'chalecos amarillos'.

La suerte está echada. Los ciudadanos tienen ahora dos meses por delante para expresar su malestar y sus propuestas sobre cómo mejorar. Los debates, organizados en su mayoría en los ayuntamientos, han comenzado ya y, aunque la metodología es algo confusa, los resultados deberán ser canalizados y estudiados por el Gobierno en abril. Las europeas de mayo dirán si el diálogo ha sido de sordos.

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