Las elecciones municipales británicas afirman la estabilidad

Las elecciones municipales británicas afirman la estabilidad

La austeridad y los enredos del 'Brexit' no son suficientes para que Corbyn bata a May

IÑIGO GURRUCHAGA

La parodia sobre la capacidad de algunos políticos de presentar como victorias las derrotas electorales no sirve en Reino Unido, porque el voto a conservadores y laboristas en 150 ayuntamientos de Inglaterra ha dejado a los dos grandes partidos empatados en torno al 35% de los sufragios. Lo más notable de las últimas elecciones antes del 'Brexit' es el hundimiento del UKIP, el partido que lo provocó.

Los comicios municipales son afectados por asuntos locales- una prolongada huelga de basureros en Birmingham, un cambio en las lindes electorales en el consejo de Cambridgshire Sur,...- pero para interpretar cómo está el ambiente político nacional el especialista sir John Curtice se remite a lo ocurrido en el referéndum europeo de 2016, que es el asunto que obsesiona.

Según Curtice, el voto al UKIP. que pierde más del 95% de los concejales que tenía, no se reparte equitativamente. Los conservadores tienen ahora la simpatía de los que votaron por la marcha de la UE. Los que optaron por la permanencia votan a laboristas, liberal-demócratas o verdes. En torno a un tercio de los votantes de los grandes partidos mantiene su lealtad sin compartir su política sobre el 'Brexit'.

Los laboristas, con el líder más izquierdista de la era moderna, Jeremy Corbyn, empatan ahora cuando quedaron dos puntos por detrás en las elecciones generales de 2017. Ganan votos y concejalías pero no desbancaron a los conservadores de sus feudos en Londres, como aspiraban, y han perdido Barnet, con alta concentración de judíos, como consecuencia probable de acusaciones persistentes de antisemitisimo.

Theresa May ha ido a ambos distritos para asociar su figura con los resultados, tras postergar de nuevo esta semana la decisión de su dividido Gabinete sobre qué tipo de relación comercial debe Londres proponer a Bruselas. Sus portavoces han aireado un plan para aplazar hasta el otoño el voto en la Cámara de los Comunes sobre enmiendas significativas de los Lores a la ley de Retirada de la UE.

El resultado es bueno para su ajetreada estabilidad. No la desacredita y mantiene viva la amenaza espectral de una victoria de Corbyn si la facción radical del 'Brexit' en su grupo parlamentario y la de partidarios de la permanencia dispuestos a votar enmiendas con la oposición provocan una crisis que obligue a May a convocar nuevas elecciones generales. El otoño puede esperar.

Carencias

El Gobierno y los altos funcionarios están absorbidos en la monumental tarea de negociar y preparar la marcha de la UE. No hay políticas llamativas identificables para corregir problemas con entidad en la sanidad pública y la asistencia social, tras el fracaso electoral de May en las elecciones de 2017 y el abandono de su programa. La línea dura con la inmigración ha sido desacreditada por recientes escándalos.

La política de austeridad presupuestaria mantenida desde casi una década es particularmente sentida en el nivel municipal. ¿El cuadro macroeconómico benigno y el tribalismo del 'Brexit' impiden a los laboristas batir en tales circunstancias al Gobierno, en elecciones municipales o sondeos, o son las limitaciones de Corbyn para ampliar sus apoyos?

El líder laborista y el movimiento que le apoya han establecido un control ya firme del partido y la ilusión de una victoria pervive. Theresa May encuentra siempre una manera de aplazar las decisiones graves y avanza bajo el emblema: o yo o Corbyn. Una estabilidad definida más por carencias que por virtudes es el tono de la política británica en una coyuntura importante para el futuro del país.

 

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