Editorial: Al límite

Si el Parlamento británico opta por posponer la aplicación del 'brexit', Bruselas debe impedir que Londres transfiera a la UE las cargas de una salida diferida

Manifestantes en contra del 'brexit' se manifiestan a las puertas del Parlamento./Reuters
Manifestantes en contra del 'brexit' se manifiestan a las puertas del Parlamento. / Reuters
El Norte
EL NORTEValladolid

El Parlamento de Westminster votó el martes en contra del acuerdo alcanzado por la 'premier', Theresa May, con el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, para añadir una declaración propia al acuerdo sobre el 'brexit', a modo de salvaguarda irlandesa. Ayer, los parlamentarios británicos rechazaron por 212 votos frente a 208 que el 'brexit' fuese aplicado sin acuerdo; por solo cuatro votos no se aprobó una salida abrupta. Hoy habrá una tercera votación, sobre si piden a la UE posponer la fecha de salida. Claro que esta última opción cobrará sentido si los demás socios de la UE aceptan prorrogar, al parecer en dos meses, la aplicación del artículo 50 del Tratado de Lisboa y, en definitiva, si en ese tiempo May logra inclinar el parecer de Westminster hacia la aceptación del acuerdo. Ayer se evitó el peor de los males, una desconexión abrupta del Reino Unido con respecto al resto de la Unión Europea, de la que continúa formando parte. Tal supuesto habría obligado a Londres a determinar en solitario las circunstancias de su salida, que a causa de la simpleza extrema de tal propósito resultaría para los británicos aún más compleja que el 'brexit' acordado. Conviene no engañarse, esa es la razón última de que Westminster eludiera salir por su cuenta; porque solo la litigiosidad a la que daría lugar empantanaría las perspectivas de futuro del Reino Unido. Pero aunque ayer se evitara una aplicación abiertamente desordenada del 'brexit', los meses precedentes y las semanas que puedan sumarse al dilatar la salida está generando un desconcierto insostenible. Este período preambular está comportando muy serios costes, en inversiones y decisiones empresariales que también se posponen, en movilidad ciudadana que se retrae, en horizontes que se orillan en la vida de tanta gente. El hecho de que el 'brexit' esté siendo gestionado por alguien que en 2016 se mostró contraria a romper con la UE, Theresa May, refleja el despropósito de una operación cuyos promotores continúan sin responsabilizarse política y personalmente de sus consecuencias mientras azuzan al Gobierno británico. Si hoy el Parlamento de Westminster vota a favor de prorrogar el preámbulo del 'brexit', el Consejo y la Comisión Europea no tendrán más remedio que obligar a Londres a que salga de su marasmo renunciando a transferir a la UE las cargas de una conducta que se está mostrando unilateral.