Nueva condena benévola para el exjefe de campaña de Trump

Paul Manafort. /Reuters
Paul Manafort. / Reuters

Un tribunal de Washington sentencia a Paul Manafort a 43 meses de prisión por ocultación fiscal e intimidaciónde testigos

CAROLINE CONEJERONueva York (Estados Unidos)

Por segunda vez en siete días Paul Manafort ha recibido una sentencia moderada, esta vez por ocultación fiscal y por intimidación de testigos. El exjefe de campaña de Donald Trump fue condenado este miércoles a 43 meses de cárcel, que se suman a los 4 años por corrupción dictados la semana pasada por una corte federal de Virginia. En total, siete años y medio de los cuales Manafort ya habría cumplido nueve meses, los que lleva en prisión desde que comenzó la investigación judicial sobre sus actividades como consultor y 'lobista' político internacional.

Apenas una hora después de conocerse la sentencia del tribunal de Washington, el fiscal de distrito de Manhattan Cyrus Vance hacía públicos por su parte nuevos cargos judiciales contra Manafort por delitos financieros cometidos entre 2015 y 2018. En declaración pública, el fiscal Vance recalcó que «nadie en Nueva York está por encima de la ley».

De ser considerado culpable de los nuevos cargos, que incluyen fraude hipotecario, falsificación de documentos empresariales y conspiración, podría ser condenado a penas de 8 a 25 años de prisión, especialmente por el más serio de los cargos, el fraude hipotecario residencial. Trump declaró en la Casa Blanca sentirse mal por la suerte de su exjefe de campaña, cuyos problemas judiciales describió como una «situación muy triste».

«Un solvente defraudador»

El centro de atención recaía ayer en Washington DC sobre la juez Amy Berman Jackson, con quien Manafort ha tenido problemas de credibilidad tras conocerse sus intentos de intimidar a testigos. Por ello, Jackson le revocó la fianza y le envió a prisión el pasado mes de junio rescindiendo así su libertad condicional y el arresto domiciliario en que se encontraba.

La juez Jackson dejó claro al inicio de la sesión que la sentencia de su tribunal no tenía vinculación con la condena de la pasada semana por parte del tribunal federal de Virginia, ni sería en ningún caso una revisión o enmienda de la misma. La de Virginia fue una sentencia extremadamente corta, de tan solo 47 meses por fraude y corrupción, muy por debajo de los 19 a 24 años que pedía la Fiscalía, y que sorprendió a todos dada la gravedad de los delitos.

Manafort, que padece de gota, representó ayer ante el tribunal una cuidadosa escenificación diseñada para producir empatía. En silla de ruedas y con el pelo completamente gris, pidió perdón y dijo asumir la responsabilidad de sus acciones y el impacto causado a personas e instituciones y a su familia. Declaró sentir «remordimientos» y lamentar sus acciones. Apelando a la clemencia, aseguró haber cambiado tras los nueve meses pasados en prisión.

La acusación puso en duda los supuestos remordimientos expresados por Manafort, a quien describió como un «solvente defraudador» con diez años de actividad delictiva como cerebro de una sofisticada operación de corrupción por la que recibió 50 millones del oligarca ucraniano Oleg Deripasta, relacionado con Vladímir Putin.

Por su parte, la juez Jackson reprochó a la defensa que utilizara repetidamente el sufrimiento en la cárcel para inducir clemencia. A la salida del tribunal el abogado de Manafort, Kevin Downing, criticó ante la prensa a Jackson, a quien calificó de «increíblemente hostil» y le acusó de haber exhibido una insensibilidad no vista en sus 15 años en los tribunales en casos de delitos de guante blanco. Sus declaraciones fueron interrumpidas varias veces por grupos de protesta a las puertas del tribunal. Manafort podría esperar en privado un perdón presidencial de Trump, aunque tal caso no podría darse hasta después de las elecciones de 2020.