Editorial: La economía paga el proteccionismo

Estados Unidos continúa con un mayor crecimiento ante una Unión Europea que no acaba de reaccionar como potencia

Donald J. Trump y su homólogo ruso, Vladimir Putin en el Palacio Presidencial de Helsinki, Finlandia. /EFE
Donald J. Trump y su homólogo ruso, Vladimir Putin en el Palacio Presidencial de Helsinki, Finlandia. / EFE
El Norte
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El FMI advirtió ayer de los riesgos que entraña el proteccionismo comercial con el que la Administración Trump trata de obtener una posición de ventaja para los productos estadounidenses; sobre todo si su hostilidad da lugar a réplicas contrarias a la liberalización de las transacciones globales por parte de las demás potencias. El compromiso expresado por China y la Unión Europea de preservar el libre comercio mundial frente a estas nuevas manifestaciones de autarquía no parece suficiente para disuadir a Trump de su empeño. De igual modo que la economía financiera busca resultados inmediatos –y los aranceles introducidos por Estados Unidos no han quebrado precisamente las expectativas de los inversores–, Donald Trump pretende que su país crezca al máximo posible durante este y el próximo año, sin que le inquieten las previsiones a la baja para 2020. Solo la vitalidad alternativa de una economía que, en el resto del mundo, se muestre capaz de soslayar los aranceles estadounidenses echaría abajo las intenciones del ocupante de la Casa Blanca. Aunque este sabe que los competidores internacionales de las empresas norteamericanas no actúan con la cohesión suficiente como para hacer frente al proteccionismo de Washington, ni parecen capaces de ofrecer resultados tangibles en el plazo de un año y medio. La deslocalización de empresas y centros de producción o prestación de servicios trastoca los esquemas de la economía mundial, que pareció renacer hace dos años, sin que se sepa cuáles serán sus consecuencias a medio plazo. La inquietud contenida de firmas e inversiones ante lo que ya se califica de 'guerra comercial' forma parte también de las preocupaciones del FMI. El horizonte próximo anuncia ralentización en las principales economías del euro –Alemania, Francia e Italia–, aunque el FMI salve a España en su informe a la baja sobre los países desarrollados. El mismo día que se conocieron las palabras de Donald Trump, señalando a la Unión Europea como enemiga de Estados Unidos, se supo que este país continúa sacando ventaja en crecimiento ante una UE que no acaba de reaccionar como potencia.

La extraña pareja

La verdad es que el encuentro entre los presidentes de Estados Unidos y Rusia, un multimillonario excéntrico recién llegado a la política y un exagente secreto populista que gobierna la dudosa democracia rusa desde 2000, no ha transmitido precisamente seguridad sobre el futuro del planeta. Es tranquilizador que Putin haya aclarado que su interlocutor sigue pensando que la anexión de Crimea fue ilegal, ya que sus socios europeos temían que Trump zanjara el desacuerdo con Moscú. Sin embargo, es inquietante que Trump haya dado por válidas las explicaciones de Putin de que nunca hubo injerencias rusas en la política interna norteamericana, y eso que el presidente ruso dijo ayer por primera vez que él quería que ganara Trump las elecciones a la Casa Blanca. Se habló de Siria, aunque solo se divulgó la preocupación por el terrorismo islámico y por la gran desbandada migratoria provocada por la guerra. Ningún acuerdo trascendió de la cumbre y solo se constató la buena sintonía que hay entre ambos mandatarios «que ha cambiado las relaciones». Trump incluso elogió y habló mejor de Rusia que de la UE. No es de extrañar que la opinión pública esté perpleja.

 

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